JUVENTUDES COLUMNISTAS

Del servicio de inutilidad pública, Pepa informa: En unos días más vuelvo al hogar calientito de la Zona (www.zona.cl) Vuelvo, amor vuelvo, para hacer el taller de Juventudes Columnistas y enseñarles a todos los teen entre 14 hasta 18 años (19 con suerte) a escribir columnas como Dios manda e intentar ayudarles a buscar su voz propia. Por eso, este post es para ellos: escolares del país que escriban, lean y rayen con publicar sus historias y quieran aprender, escríbanme a pepitavalenzuela@gmail.com mandándome su edad, nombre completo, algún contacto donde pueda pillarlos y la mejor columna que sean capaces de escribir. En una de esas, si le ponen tinca, pueden ser parte de la Juventud Columnista 2007 de la Zona de Contacto. Una experiencia totalmente recomendable: ahí pueden publicar sin censuras, conocer gente con sus mismos intereses y empezar un camino de forma amena, agradable y sin pagar ni uno por los conocimientos que van a adquirir. No es malo. (Y usted, si está pasadito los veinte, pero conoce pingüinos talentosos en el arte de las letras, no sea avaro y cuéntele de esta invitación) Recibo propuestas y columnas hasta el martes 5 de junio, es decir, todo debe hacerse ahora ya. Suerte a todos y nos estamos viendo.

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De izquierda a derecha: Mohammad de Jordania, yo desde Chile, Lucky de Nigeria, Ma Teresa de Colombia y Mauri de Brasil.

De izquierda a derecha: Los latinoamericanos Mauri König de Brasil (1er lugar), María Teresa Ronderos de Colombia (2do lugar) y yo de Chile, miércale, (tercer lugar)

De izquierda a derecha: Simonne y Mauri (Brasil), Andrej (Bielorrusia), Ma Teresa (Colombia), yo (Chile), Siew Ying (China), Lucky (Nigeria), Syed (Dubai), Femy (UK), Robert (Uganda), Mario (Alemania), Michael (UK), Mohammad (Jordania) y Tanya (Sudáfrica)
PERIODISTAS SIN FRONTERAS
Volver de un sueño deja las dudas de haberlo vivido o de simplemente haberlo imaginado. Es volar en un estado insomne donde los recuerdos se confunden con interpretaciones propias, imágenes pegadas en el subconsciente y voces diferentes que una intuye que escuchó, pero no está segura de haberlo hecho. Eso es lo que me pasa ahora, que he regresado hace poco desde Bruselas en Bélgica donde recibí el tercer lugar por América Latina del Premio Lorenzo Natali, que entrega la Comisión Europea a periodistas que escriben sobre la defensa de los derechos humanos y la democracia. (www.premionatali.eu) En una ceremonia en el edificio Berlaymont, de la Comisión Europea, con muchos periodistas valientes, con largos años de trayectoria, enamorados de su trabajo y dispuestos a jugarse la vida en ello, recibí una estatuilla con una estrella dorada que dice mi nombre y un diploma donde recuerda la triste, pero esperanzadora historia que escribí sobre Mohamed, el chico somalí refugiado por error en nuestro país. Comí cosas que jamás había probado, paseé por esa ciudad de cuentos de hadas, me vestí de señorita todos los santos días, compré chocolates, tomé fotos como loca y dormí pocas horas. Pero lejos lo mejor de toda la experiencia, de haber volado durante 17 horas para llegar hasta allá, fue haberlos conocido a ellos: a colegas de distintos y distantes lugares del mundo que día a día se juegan la vida por hacer de éste un mundo más justo, transparente y humanitario donde vivir. Es increíble cómo el solo hecho de compartir este amor a nuestro arte, tan poco apreciado y entendido por muchos, nos hizo una misma cosa. Desde China, Pakistán, Nigeria, hasta el Reino Unido, Alemania y Chile, pudimos entendernos y querernos el poco ratito que estuvimos juntos. Nos reímos, emocionamos y hablamos hasta que el sueño nos dio permiso. Realmente no tengo palabras para transmitir todo lo que ahí viví. Pero me quedo con recuerdos inolvidables de amigos entrañables que será difícil volver a ver, pero de los que aprendí como si hubiera vivido cincuenta años más.
De Siew Ying, la gran ganadora de China, la sencillez, esa valentía gigantesca embutida en un cuerpo diminuto y su energía como rayos de sol que hacían de su edad un misterio indescifrable.
De Mauri, de Brasil, la dulce timidez de un hombre que se ha pasado la vida entera luchando e incluso financiando sus propios reportajes sobre temas que cree ciegamente que deben ser conocidos.
De Lucky, de Nigeria, esa alegría afro, el optimismo de un periodista que ha visto el mundo entero abrirse ante sus ojos y que fue capaz de seguir el trayecto de miseria y fe de marroquíes que escapan hacia Europa a través del desierto.
De Syed, de Dubai, la sonrisa serena de un hombre de fe que se abre feliz y sin resquemores hacia otras culturas que en general, tienen más prejuicios con la suya.
De Mohammad de Jordania, la capacidad objetiva y el temple para darse cuenta de las fallas y atrocidades que aún se cometen dentro de su propia sociedad, como los asesinatos de mujeres por asuntos de honor.
De Michael, un escocés que trabaja en el Reino Unido, el sentido del humor tan british, la caballerosidad a toda prueba de un guapo de tomo y lomo y la persistencia por contar la historia de los obreros inmigrantes que trabajan en su país en condiciones de desgracia.
De Tanya, de Sudáfrica, el carácter de una mujer dulce, la claridad mental para percatarse de los problemas de este mundo y la sensibilidad para rescatar la historia de un hombre acusado injustamente de haber asesinado a otros durante el apartheid.
De Mario, de Alemania, la capacidad de compartir y de reírse de sus propios temas, la valentía de un periodista capaz de cruzar con un coyote la frontera de México hasta New York junto con los miles de inmigrantes que buscan el sueño americano, el humor agudo e inteligente.
De Mossaud de Pakistán, la develación de un hombre serio a introspectivo que de a poco mostraba un corazón lastimado, pero vivo todavía.
De Robert de Uganda, la timidez simpática de un hombre que fue capaz de lograr, a través de su reportaje denuncia sobre el contagio de VIH de las madres hacia sus hijos en su país, una ley que ahora obliga a las madres a prevenir esa transmisión.
De Andrej de Bielorrusia, la evidencia de que las caparazones tienen sus razones, pero no necesariamente sus defectos, el coraje periodístico de haber escrito y despachado su reportaje desde una celda para cinco personas, pero donde finalmente había nueve hombres que gritaban y fumaban mientras él cumplía con lo suyo: denunciar corrupciones del gobierno y del sistema.
Y cómo no, de María Teresa, mi muy querida colega colombiana, el encanto, la sabiduría de una mujer con una energía vital envidiable y una fuerza infinita para pelear por la libertad de prensa en su país y difundir las historias del terror que han sufrido algunos de sus compatriotas, víctimas de una violencia interna que lamentablemente aún no termina.
Con todo eso, cómo no sentirme más que pagada. Creo que jamás había tenido una evidencia tan clara de que Dios me estaba susurrando bendiciones y futuros en el oído.
pd1: Pronto, el relato de mi paso por Paris con mi querido amigo dominicano José, su hermana Ellen y toda esa comunidad dominicana cariñosa, ruidosa y acogedora que me recibió como una reina en la ciudad de la luz.
pd2: Sé que en Chile, no se dijo ni pío sobre este premio, a pesar de que me parece que es importante para el país y para nuestro periodismo criollo. Qué quieren que les diga, eso me duele un pelito por la poca visión, lo cerrado del enfoque y ciertas mezquindades mediáticas. De todas formas, agradezco a mi lindo profe Enrique Ramírez por su emocionante columna en La Nación (martes 8 de mayo) llamada el Servicio Público de la Magia y a mi amigo Nico (Copano grande) que contó más detalles en la Grúa de la Rock and Pop. De verdad, se agradece. Y no por mí, sino porque a veces las tetas de la Bolocco no son lo único bueno que se puede ver y saber en nuestro pedacito de tierra. Un abrazo grande a todos los que postearon con sus buenas vibras, a mis amigos incondicionales que se portaron de lujo pre, durante y post viaje. Les juro que allá, siempre me sentí protegida por ese escudo de energía positiva, pura y sin envidias. A cada uno de ustedes, se les quiere de verdad.