Mi libro Un Lugar en la Tierra, Viaje desde el Maltrato Emocional, en la prensa

Antes de que el libro saliera al mundo, tenía mucha incertidumbre sobre cómo sería recibido.

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Pero todo ha sido mucho más intenso, hermoso, emocionante de lo que pensé.  Además de que se ha leído y comentado mucho, hasta ahora me llegan todos los días correos de lectores que agradecen la historia, comparten un pedacito de la suya, reflexionan el torno al tema.  Como he contado, ha sido una avalancha de buenas vibras y de amor. Una verdadera avalancha. También hubo mucho más interés de los medios del que pensé.  El libro ha sido ampliamente difundido y comentado. Para la posteridad, acá algunos links de entrevistas y notas acerca del libro. Para quienes se lo perdieron, para quienes leyeron, para quienes aún están por leer. De nuevo, a todos, gracias. Muchas.

1. Revista Ya, 1 de julio publicaron una mini entrevista y un adelanto.

http://diario.elmercurio.com/detalle/index.asp?id={101a653d-2410-4343-be11-b2f0f4bbe8be}

http://diario.elmercurio.com/detalle/index.asp?id={54d1f42d-10f4-433f-ab22-24575707ccce}

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2.  4 de julio Mañana Será Otro Día en Radio Concierto

http://www.concierto.cl/blog/noticias/pepa-valenzuela-periodista-y-bloguera-lanza-su-libro-un-lugar-en-la-tierra-viaje-desde-el-maltrato-emocional/

3. Entrevista en Lanacion.cl

http://www.lanacion.cl/pepa-valenzuela-el-limite-de-la-felicidad-es-la-gente-que-te-hace-sufrir/noticias/2013-07-05/151205.html

4. Programa Hambreak con Marco Silva en Terra.cl

http://noticias.terra.cl/hambreak/videos/,485722.html?fb_action_ids=10151537209956778&fb_action_types=og.likes&fb_source=aggregation&fb_aggregation_id=288381481237582

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5. 9 de julio En radio Bio Bio con Pato Cuevas y Scarleth Cárdenas

http://www.biobiochile.cl/2013/07/09/pepa-valenzuela-presenta-libro-sobre-maltrato-emocional-y-entrega-claves-para-salir-delcoma.shtml

6. 11 de julio en radio Cooperativa con Cecilia Rovaretti en Una Nueva Mañana

http://www.cooperativa.cl/noticias/sociedad/mujer/periodista-maria-paz-cuevas-presento-libro-sobre-el-maltrato-emocional/2013-07-11/120756.html

7.  En Ciudadano ADN, Radio ADN con Eduardo Fuentes

http://www.adnradio.cl/noticias/sociedad/periodista-presento-libro-donde-narra-su-experiencia-de-maltrato-psicologico-con-una-expareja/20130722/nota/1937166.aspx

8. Nota en LUN

http://www.lun.com/lunmobile//pages/NewsDetailMobile.aspx?IsNPHR=1&dt=2013-07-16&NewsID=0&BodyId=0&PaginaID=8&Name=8&PagNum=0&SupplementId=0&Anchor=20130716_8_0_0

9. En el programa Demasiado Tarde con Nicolás Copano y Cata Albert, CNN

https://www.facebook.com/demasiadotarde/posts/10151545034820794

10. En nota del noticiario del mediodía de TVN, minuto 1:11

http://www.24horas.cl/noticiarios/24horasaldia/24-horas-al-dia—viernes-9-de-agosto-786358

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11. Entrevista en Tendencias Mujer Emol

http://www.emol.com/tendenciasymujer/Noticias/2013/08/08/24522/Maria-Paz-Cuevas-El-maltratador-psicologico-te-puede-demoler-con-su-boca.aspx

Un lugar en la Tierra, viaje desde el maltrato emocional

Ya está en el mundo mi primer libro.

Se llama Un Lugar en la Tierra, Viaje desde el maltrato emocional.

Está en librerías Antártica, Feria Chilena del Libro, Que Leo y Metales Pesados.

Con amor, para quienes me acompañaron en este trayecto

Y para todos, todas, quienes lo quieran leer.

Acá está lo que dice la contratapa:

Joven, atractiva, con un trabajo envidiado por muchos, departamento propio y un grupo de amigos de lujo. Así es la protagonista de este libro, quien parece tenerlo todo pero se ve inmersa en una relación de pareja insana y destructiva de la cual lucha por salir a flote.

Narrado en un estilo directo y coloquial, Pepa Valenzuela – seudónimo con el que firma la periodista María Paz Cuevas – relata su propia experiencia de violencia psicológica, la que sufrió de parte de su ex novio y cómo logra emprender un viaje de reparación que le permite recuperar su estabilidad interna. En ese proceso se da cuenta de que se había abandonado a si misma y descubre la importancia de autocuidarse y liberarse de las ataduras y modelos sociales, para comenzar a vivir bajo sus propios parámetros.

Un Lugar en la Tierra, Viaje desde el Maltrato Emocional, es también una inmersión en la compleja psiquis femenina y es por sobre todo, un relato valiente, con el cual muchas mujeres podrán identificarse y hallar el aliento y la esperanza que requieren para sobrevivir al naufragio emocional y poder empezar de nuevo.

“Este es un libro sobre el dolor, la soledad, la búsqueda de uno mismo y de su lugar en el mundo. Una caricia para quienes sufren o han sufrido maltrato. Un salvavidas en medio del naufragio. Un grito de aliento y de amor, desde el abismo del corazón”. Pepa Valenzuela.

 

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El nado

La vida es un nado. Al principio, nos enseñan a flotar. A agarrarnos de tablas, plantas, algas, lo que sea, para seguir a flote. Hasta que un buen día, uno descubre que puede nadar por su cuenta. Algunos entonces siguen de por vida flotando. Y otros, unos pocos, se lanzan a nadar. Y empiezan a aprender a moverse en el agua. Primero, pataleando, braceando con torpeza. Tentándose en agarrar tablas, algas en el camino, para descansar un rato flotando. Porque a veces nadar se vuelve difícil, cansador y cuesta. No es cosa fácil nadar, moverse en el agua por los propios medios, disfrutar el trayecto y del agua. A veces el agua se pone turbia, fría, porfiada. Entonces uno recuerda al niño que era y que flotaba aferrado de otras cosas y se tienta con aferrarse de nuevo, olvidando que lo único que permite el nado es soltar, tener los pies y los brazos libres para empujarse sobre el agua. Esa es una lección que una se tiene que repetir todos los días mientras va nadando, porque es la más fácil de olvidar: no te aferres, deja ir, suelta, despréndete. Tú sabes nadar solo. Y si nadas, es imposible el naufragio. Imposible ahogarse. Imposible hundirse. Sólo tienes que nadar.

El Higueral

Crecí leyendo. Leyendo historias, cuentos, crecí leyendo como loca, refugiándome en los libros de una realidad difícil. Y ellos, los libros, me salvaron la vida. Crecí leyendo desde muy niña a Isabel Allende y a García Márquez, entre muchos otros. Y Cien Años de Soledad me cambió la vida. Tanto, que cuando por primera vez intenté escribir un cuento, no hallé nada mejor que hacerle una especie de homenaje, amateur, infantil, con los poquitos recursos que tenía, a García Márquez. Y salió este cuento que está inédito y que publicaré por partes. Se llama El Higueral. Acá les va la primera patita.

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EL HIGUERAL

Por Pepa Valenzuela

Primera parte.

Todos los que crezcan en esta casa serán locos de remate, dice el Príncipe al ver el desastre que ha provocado aquel forastero prepotente. La higuera yace tirada sobre la tierra y una docena de hombres agotados, serrucho en mano, descansan apoyados sobre el árbol milenario que había sido el símbolo del pueblo. El sargento Clotario, se acerca al Príncipe examinándolo de pies a cabeza, mire hombrecito que a mí ningún vagabundo me va a venir a cambiar mis planes ni a decirme dónde construir o no mi casa, y se planta en frente desafiante. El Príncipe se da media vuelta, que no se le olvide lo que le dije señor sargento, y se va resignado a la capilla a hablar con el padre Pedro, hay que contarle qué ha hecho este militar puntudo.

Mientras tanto el sargento Clotario se rasca los bigotes, ordena a sus hombres que levanten la higuera y la saquen, pa donde patroncito, preguntan los obreros, no me pregunten huevadas, contesta el sargento. En qué estaría pensando el pelado que se le acercó a Don Clotario sacándose la chupalla, pero saca aire de los pulmones y le dice, patroncito, me permite decirle una cosita, diga rápido pues hombre, y el obrero, es que dicen que el Príncipe es hechicero y lo que dice se cumple calcadito, no vaya a ser que su respetable familia se chale por haber cortado la higuera. Rojo se pone el sargento de  ira, el que se va a chalar aquí es usted cuando le corte la lengua por andar hablando pelotudeces. Acto seguido todos los hombres en un silencio sepulcral, levantan a duras penas el árbol y enfilan hacia la plaza del pueblo. Tres días en total se demoraron en mover la monumental higuera, para dejarla tirada en la plaza del Higueral.

……………

 

Qué frío que hace, qué fuerte que ronca Clotario, qué pena despertarlo, pero la situación lo amerita piensa Doña Aurora y le dice, Clotario, despierta gordito que voy a tener la guagua. Firme suenan las botas del sargento en el suelo, maldita la hora que vino a escoger el malcriado para venir al mundo y sale de la habitación dando un portazo, mientras que Doña Aurora suda a cántaros, se aprieta el vientre hinchado, se le salen los ojos, pero en silencio para no molestar al marido.

En un instante entra una mujer gorda, las manos ásperas, la trenza larga y gruesa cayendo por la espalda, esta es Doña Ramona, la partera del pueblo, dice el sargento, y sale rápido de la casa a respirar el aire fresco de la madrugada. En el patio a oscuras, enciende un puro y lo aspira profundamente. Hinchado de orgullo se le pone el pecho al sargento, voy a tener un varón bien macho se dice sonriendo y mirando el hueco que ha dejado la higuera, grita: y bien cuerdo que me va a salir mierda!

Sacude la mano Doña Ramona haciéndole señas al sargento, la batalla ya ha terminado. Corre hasta la casa, pero cuando entra a la pieza y ve a su mujer, le parece que está viendo doble: Doña Aurora, el rostro rojo y húmedo, sostiene a dos criaturas que con los ojos abiertos se mueren de risa. Son niñas Clotario, gemelas, agrega Doña Ramona, se acerca el sargento restregándose los ojos y ve esas dos caras regordetas que al parecer, se están riendo de él.

…………………..

Miles de historias se habían fabricado los higuerinos sobre el Príncipe. Que había sido médico y que se volvió loco cuando se le murió un paciente en una operación quirúrgica, que había sido guerrillero de la selva amazónica y que se había cansado de los rehenes, de las treguas de un día, de comer insectos en fogatas clandestinas y traficar armamentos por las fronteras disfrazado de militar, decían, que era el heredero de un reino lejano y desconocido y que había huido cuando el rey lo había obligado a contraer nupcias con una princesa horrorosa. De seguro era por eso que nunca se lo había visto conversar con una mujer, decían los higuerinos. El Príncipe sabía de estas historias que se creaban en torno a su figura, se reía mostrando sus dientes grandes y amarillos, pero no desmentía ni afirmaba ninguna. Sólo él sabía qué era lo que lo había llevado al Higueral hace tantos años atrás y no se arrepentía del rumbo que había elegido para su vida.

Absurda le parecía al Príncipe la idea de trabajar de por vida, y se había jurado que jamás le trabajaría un solo día a nadie, ni al Papa, ni al Presidente, ni siquiera al más fiero de los dictadores, se decía, qué estupidez más grande desperdiciar así el tiempo cuando la vida es tan corta. Pero cuando la Domitila llegó a su casa, que voy a tener un hijo tuyo desgraciado, tienes que casarte conmigo y ponerte a trabajar para darle qué comer a nuestro crío, al Príncipe se le llenó el pecho de un pánico infernal. Una imagen espantosa lo atormentaba: se veía a sí mismo trabajando de sol a sol, amasando el pan, transpirando frente  a los hornos de barro, recibiendo extenuado un sueldo mísero a manos de un suegro gordo y explotador. Tanto fue el miedo que después de tomar dos o tres cosas, partió el Príncipe sin que nadie lo viera por el Camino de la Roca hacia un rumbo incierto, lejos del trabajo, del matrimonio y de la Domitila.

Mientras caminaba pensaba en su hijo huérfano, en la Domitila, malditas sean las mujeres que se les ocurre quedar embarazadas para amarrarlo a uno, nosotros que tenemos todo el derecho de pasarlo bien y ellas crean sólo problemas. Tres días estuvo caminando el Príncipe, ahogando las penas en el alcohol de los bares del camino donde conoció a hombres mucho más desafortunados que él, casados, trabajando para alimentar a mil críos que les demandaban cada vez más. Pobres, pensaba el Príncipe, y tomando su modesto equipaje, afirmaba más su paso hacia lo incierto.

Tres días caminó para llegar al Higueral. Terror sintió el Príncipe cuando desde lo alto de los cerros, vio a una especie de monstruo saliendo por sobre la niebla de un valle desolado, y entre la borrachera y el pánico que se le colaba por los huesos dio media vuelta para huir lejos de aquella bestia. Sin embargo, algo lo hizo permanecer donde estaba, será una especie aún no descubierta, pensó el Príncipe, seguro que devoró a todos los habitantes que habían vivido en ese valle solitario. Quieto se quedó unos instantes y cual sería su sorpresa cuando después de un rato descubrió que el monstruo no se movía. Lentamente se acercó el Príncipe hacia él, las piernas le tiritaban, el silencio sepulcral lo atemorizaba todavía más. Pero al llegar  a los pies de la fiera monumental y extender su mano para tocarla, sintió el alivio de la tibieza de la madera.

El tronco de la higuera era tan grande que ocupaba toda una cuadra de un prado repleto de malezas y pastos secos. Tan grande era que sólo uno de los cerros quedaba a la merced de los rayos del sol. Una carcajada que sonó como un eco estruendoso soltó el Príncipe al darse de cuenta de su equivocación, y levantando su brazo izquierdo, y apoyando su mano derecha sobre el tronco de la enorme higuera, fundó el valle con el nombre del Higueral, donde pasaría el resto de sus días sin trabajarle un día a nadie.

100 palabras

Nunca he ganado en los cuenticos del Metro. Pero he escrito para eso. Estos los mandé el año pasado. Los de este año, los publicaré después, si es que no ganan. Espero que sí porque están más puntudos. Les dejo estos, mientras tanto.

Consumo infeliz
Ahora que tenemos plata para ir a comer sushi, que podemos tomarnos varios pisco sours al hilo si queremos, ahora que andamos en auto, que tenemos cortes de pelo estilosos y que usamos ropa de marcas exclusivas, sé que no somos más felices que cuando éramos universitarios y sólo teníamos para unos completos italianos de fuente de soda, un pitcher de cerveza aguachenta, cajetillas de cigarros chicas y arrugadas, una noche entera para planear el futuro y pases escolares para atravesar la ciudad.

Calle sin salida
Llegó a la comisaria perdida y le preguntó al carabinero de guardia si conocía la calle que buscaba. El carabinero dijo afirmativo y le indicó el camino. La periodista dio dos pasos, pero se volteó para volverle a preguntar: “¿Es muy peligroso allá?”. “Nosotros no entramos por esos lados, señorita”, le respondió él. La periodista quedó perpleja. Si los carabineros no entraban a esa calle, ¿a quién pudo pedirle ayuda la última víctima de femicidio que vivió ahí?

Arresto domiciliario
Cuando el instalador puso la nueva alarma de seguridad en su casa, un día después del quinto robo, se sintió aliviado. Se preparó un café y se sentó en el sofá del enorme living. Pero cuando miró por la ventana, ya no vio la calle. Las rejas y el cerco electrificado la habían hecho desaparecer.

Vida comunitaria
Sus vecinos no la saludan en el ascensor ni en los jardines del edificio, pero ella los conoce. Sabe que el vecino del 504 sintoniza el matinal a la hora de los casos policiales, que la pareja del 403 ya no se soporta – los escucha gritonearse cada sábado sin falta – y que la chica del 502 se queda dormida llorando casi todos los días de la semana porque siente que la está dejando el tren. El tipo de la constructora le dijo que no era un problema estructural del edificio, sino que de eso se trataba la vida en comunidad.

Pablito

Por Pepa Valenzuela

“A mí me ha ido muy bien en el colegio. Tengo promedio 68, sólo tuve esa mala nota que conté, un 6.4. Me gustan las matemáticas, educación física y el arte. Me gusta mucho pintar, dibujar, me saco puros sietes en arte. Es entretenido pintar, tengo muchos lápices. ¿Sabes lo otro que me gusta? Escribir. No sé por qué. Pero es como rico. Tú podrías enseñarme un poco a escribir porque tú eres una periodista que escribe. Un día vas a ser famosa porque te ganaste por tercera vez el premio. Y vas a salir en la tele. Te apuesto que sí.
Yo no sé qué quiero hacer cuando sea grande. Quizás vaya a probarme al fútbol. Quizás sea un deportista olímpico o un gran artista. También sé cantar y bailar. ¡Sirvo para muchas cosas! Tengo buenas notas, me va bien en el colegio. Estoy juntando plata también. Tengo unos ahorros desde hace mucho tiempo y como hice una propaganda para el día del padre, cada vez que la dan en la tele, me dan un poco más de plata. ¿Para qué junto plata? Quiero viajar o ayudar a mi familia.
¿Tú sabes cuánto vale un pasaje a Brasil? Ahhh. Ya: necesito como un millón de pesos para que vayamos a Brasil mi mamá, mi papá, tú y yo. Mi mamá y mi papá porque son los que más me han cuidado. Mis hermanos no porque ellos han salido harto con mis papás. Tú, porque te quiero mucho. Y yo, porque obvio, quiero ir yo. Además yo solo conozco Mendoza en Argentina. ¿Por qué me preocupa juntar plata y tener buenas notas? Porque son cosas importantes. Lo otro que me preocupa es la familia porque la familia sí que es muy importante. ¿Que qué hace la gente sin familia? Mmm, creo que para ellos también debe ser un tema importante. A mí me gusta mucho mi familia. Tú eres mi tía. ¿Y por qué eres mi madrina? ¿Mis papás te eligieron para ser mi madrina? Eligieron súper bien entonces. “

Poemas de no ficción

1. Señorita ejecutiva
Por Pepa Valenzuela

Me tienen hasta la coronilla
Estas ejecutivas de vocecita amigable
Que me llaman a mi casa
Casi siempre cuando estoy escribiendo
En el segundo clave de iluminación que tengo al día
Y me dicen:
¿Se encontrará la señora Pepa Valenzuela?
Porque cuando estoy a punto de responderles
Primero: que no soy señora, desubicadita
Segundo: que estoy ocupada (yo no me rasco la guata)
Tercero: de dónde miércale sacó mi número
La señorita ejecutiva se larga
Con una perorata interminable
Que lanza sin siquiera respirar
Y me informa
Que tengo la media ni qué suerte
Que me ha caído una bendición del cielo
Que Dios ha discado mi teléfono
Porque resulta que
Banco Falabella
Banco BCI
Ripley
Paris
Tarjetas Presto
VTR y Movistar juntos
Banco BBVA
Y todas las tarjetas de oro, platino y cobre del país
Me tienen tanta buena
Me quieren tanto a mí y a mi familia
Que me están ofreciendo
Una fantástica promoción
Una línea de crédito súperpoderosa
Un cupo hasta el Más Allá
Un plan interespacial pensado sólo en mis necesidades
Un contrato botado de barato
Todo por una módica suma terminada en 990
Que por supuesto no puedo desperdiciar
Entonces me pregunta qué me parece
Tener tanta suerte junta
Y yo le contesto de vuelta
Qué le parece a ella
tener tantas patitas
para llamarme a mi casa
para puro molestar.
Y le cuelgo el teléfono.

30


Por Pepa Valenzuela

De repente una despierta y tiene 30 años. De repente una, que todavía siente que tiene corazón de 17, esperanzas de 15, ganas de 24, sueños de 10, amanece con 30 y se sienta en la cama a pensar cómo diablos pasó todo tan rápido. Cómo es posible que el colegio quedara 12 años lejos, que la universidad esté a 7 de distancia, que el primer amor sólo sea un recuerdo en tercera persona, que algunos amigos de la infancia hayan cambiado tanto, que tus papás ahora califiquen para la tercera edad, y que una sea una mujer adulta frente al espejo.
Una mujer hecha y derecha que ya no tiene excusas para hacer tonteras de pendeja, que no pueda salirse de madre para dar algunos ejemplos, que tiene que apechugar con situaciones familiares difíciles, que ya no puede quedarse llorando meses sobre la leche derramada, que sabe que ni lo bueno ni lo malo son eternos, que perdona, pero selecciona, que ama pero agregándole cabeza a la sopa de hormonas e ilusiones, que empieza a darse cuenta de la posibilidad real de la muerte, que sale a trabajar así se esté cayendo el mundo, que dice que no cuando quiere decir que no, que algunas noches prefiere acostarse con el noticiario, que no tiene culpas frente al sexo, que prefiere beber menos, más caro, pero rico, que goza con un buen plato de comida o cocinando para sus visitas, que empieza a creer en cosas que no ve, que descubre a las personas de un solo vistazo, que tiene más conciencia de sí misma y del resto, que empieza a abrirse a otras opciones que jamás había pensado, que atesora como hueso santo a los amigos que se quedaron a pesar de todo y a los nuevos que aparecen en el camino, que entiende que hay que cuidarse el cuerpo y el alma, que empieza a hacerse cargo de los padres, que comienza a soñar con hijos, que tiene bien definido lo que quiere y lo que no de su vida y trata de no olvidarlo para conseguirlo.
Cuando una de repente despierta y tiene 30 años, mira hacia atrás y recuerda los sueños, amigos, amores, proyectos y momentos que se fueron para siempre y entiende por qué tenían que partir, por qué es mejor que no vuelvan jamás. Recuerda a quienes te hicieron feliz la infancia, dichosa la juventud, único el crecimiento, quienes son los artífices de tu memoria y de quién eres ahora. Cuando una de repente despierta y tiene 30 años, también le da vueltas a lo que le falta, a la patita coja, al amor que aún no se manifiesta, al cambio a una casa más grande, a las ingratitudes del oficio, a los niños que quisiera traer algún día al mundo, a los libros que querría publicar, a los trabajos que quisiera aportar en algo, a las cosas materiales que quiere obtener, al tiempo que quiere entregarles a quienes ama y no puede, a las ilusiones que una tenía y aún no se han cumplido. Pero también entiende que ningún sueño es tan perfecto como una cree. Que nadie está completo nunca. Incluso que lo ideal puede ser un total infierno y que lo que dicen las viejas – por algo pasan las cosas – es la pura y santa verdad. Pero sobre todo, a los 30 años una descubre que tiene más de todo lo que soñó tener alguna vez: un departamento lindo, propio y tranquilo, unos amigos de lujo, los mejores del planeta, una madre espectacular, una familia extraña, pero que una quiere, un trabajo que llena el alma, vocación de ser feliz, salud, ciertas bellezas por fuera y por dentro, sentido del humor, momentos inolvidables, capacidad para hacer casi todo lo que una quiera cuando quiera, ganas de seguir creciendo, fe en la vida y en los demás, gente que te ama sinceramente. Entonces sí, cuando de repente una despierta y tiene 30 años y se pregunta cómo diablos todo pasó tan rápido y constata que ya es una mujer hecha y derecha y recuerda lo perdido, lo que falta y lo que tiene, al final termina agradeciendo. Agradeciendo desde el corazón. Por todo lo vivido. Por todo lo aprendido. Por todo lo disfrutado y lo sufrido. Por el futuro que viene hacia adelante. Pero más que nada por este ahora. Porque a los 30 años una es así de feliz.

Consejos integrales de mi madre

Por Pepa Valenzuela
“Mira chinita, te voy a decir una cosa: yo estoy muy orgullosa de ti. No me importa que no tengas hijos, no que no te hayas casado y que vayas a cumplir 30. Te queda una vida por delante. Mírame a mí: te tuve a ti a los 34 así es que tienes un montón de tiempo. Yo a los 24 años estaba separada de mi primer marido y había perdido a un hijo. Pensé que no iba a rehacer mi vida. Pensaba que había cagado. Pero esperé y ¿para qué? Para que apareciera el huevón de tu papá… Bueno, te tuve a ti así es que algo bueno hizo el huevón. Y tú me has hecho inmensamente feliz. Eres trabajadora, inteligente, por eso me la jugué tanto para que entraras a la Universidad. Puchas, sinceramente si yo hubiera visto que te faltaban palos pal puente, me habría conformado con que sacaras cualquier cosa y te pusieras a trabajar. Pero tú eras una niña súper viva así es que la peleé harto porque tuvieras lo que yo no tuve. Y mira lo que ha pasado: eres una periodista a todo cachete, ganaste premios internacionales a los 25 años, publicas, eres profesora. Dime quién puede decir eso a tu edad.
Te voy a otro secreto: mi corazón de madre me dice que no te vas a quedar sola. Que algo bueno te espera en el futuro. No sé, es una tincada que tengo. Además, se lo encargué a Santa Teresita. Porque eso quiero yo: que encuentres un compañero que te cuide cuando yo no esté. Ahí puedo estirar la pata tranquila. Pero estoy segura de que así va a ser. Mi corazón de madre me lo dice. Además, tú eres una niña espectacular y no te lo repito porque yo sea tu madre, no. Tu abuelo siempre decía: “Para una madre no hay hijo feo, el que tenía, lo mató de un pedo”. ¿Has oído tal cosa? No pues: no se puede matar a nadie de un pedo. Lo mismo que para una madre no hay hijo feo. Bueno, el asunto es que tú eres una mujer la raja. Ya se quisiera cualquier huevón estar con una mujer como tú. Y eso no te lo digo como tu mamá. Así es que quédate bien tranquila, chinita. Y no tengas pena ni miedo. Estás en la flor de la vida. Y tú sabes que la intuición de madre es algo muy poderoso. ¿Te gustó mi consejo? Dile a tus amigas que cobro 15 lucas la consulta”.

Hechos de la causa

Por Pepa Valenzuela
Mi mejor amiga cumplió 30 años. Se puso unos zapatos azulinos de taco aguja y compró empanaditas de queso, jamón, champiñones y hamburguesas en miniatura para celebrar. La Carola forra su horno con alusaplast cuando pone cosas a calentar. En su casa, el único cuadro que hay es uno mío: el cuadro tiene rosas rojas de género, una Marilyn Monroe con el vestido blanco al viento y la frase: Love or leave me. El fin de semana fuimos a bailar al Ilé Habana para seguir celebrando sus 30. La Carola se puso unos tacos negros tipo Lady Gaga, unos shorts cortitos negros de raso y una polera con rosas rojas. Tomó roncola, porque eso es lo que le gusta a la Carola, el ron, y bailó hasta que el pelo se le pegó a la espalda y tuvo que tomárselo en la nuca. La Ingrid fue a la peluquería ese día y llegó con su pelo rubio, largo y liso. Diego decía que se sentía como en Cuba y miraba impresionado el porte de los negritos enormes que circulaban por el local. La Maca andaba con sueño y se veía preciosa porque le pinté los ojos ahumados y la peiné con una cola de caballo. Pelao terminó la campaña de la luca para comprarle una lavadora a un hogar de niños y la Cony me contaba cómo sin contactos políticos, una jueza, aunque tenga las mejores notas, no puede llegar a ninguna parte. Yo tomé piscola, y comí jamoncitos de una tabla y pensaba en cuánto echaba de menos al Negrito. Bailé con Ney, un amigo peruano que tiene una larga cola de caballo y modales de caballero, y con Rafael, el hermano de Marlina, mi ayudante cubana de la Universidad a quien nos encontramos por casualidad.
Marlina se tiñe el pelo rubio, aunque es morena, vive en La Florida, se quiere ir a vivir a Costa Rica y siente que no encaja con sus compañeros de la Universidad ni con Chile y en eso tiene razón. Marlina tiene más chispa que eso. Tiene ojo y olfato de periodista y escribe con las entrañas. Hace poco almorzamos juntas con mi mamá y de regalo, me trajo ocho quequitos hechos por ella de arándano y chocolate que me comí en dos días.
Estuve con mis dos papás: mi papá periodístico, Enrique, cuando cumplió 67 años. Un grupo de periodistas pioneros, entre 60 y 70 años y yo comimos salmón con papitas con parejil en su departamento museo lleno de muñecas matrioskas, caballos, cajas musicales, cuadros, principitos, gardeles y nerudas. Cantamos cumpleaños feliz, tomamos vino y Mario Gómez López recitó Las Palabras de Neruda con esa voz profunda, ronca, los ojos brillantes y vivos. Me dieron ganas de llorar cuando lo escuché. A Enrique le regalé La elegancia del erizo, un libro que habla de la amistad entre una niña y una señora con el alma abierta, así como él y yo. Después, vi a mi papá de verdad. Nos juntamos a almorzar en la caja para la tercera edad. Papá está delgado, un poco ido después del último infarto y ese tono cetrino de la antigüedad en la piel. No contestó ninguna de mis preguntas, hostigó al mozo, me dijo que me quería mucho y quiso tomar el metro conmigo. Ninguna de las vacas jóvenes que iba sentada le dio el asiento y cuando tuve que bajarme y dejarlo dentro del vagón, quedé descorazonada, aterrada de que cayera al suelo, destrozada frente a lo implacable de la vejez.
Un taxista me dijo el otro día que lo que más le gustaba hacer en la vida era leer, pero manejando ya no tenía mucho tiempo para hacerlo. Me dijo que cuando se jubilara, se iba a ir a una casa en la playa a dormir, comer y leer sentado, mirando el mar. Yo le dije que cuando yo me jubilara iba a hacer exactamente lo mismo, pero que todavía tenía muchas cosas por terminar. Todavía no sé bien cuáles.
Con mis alumnos fuimos al Mercado Central. Ellos se dedicaron a reportear mientras yo los miraba de lejos para saber cómo lo hacían. También me di unas vueltas por fuera, entré a una liquidadora de ropa deportiva y aún ahí la ropa era carísima, llegué por casualidad a la Casa Blanca y miré vestidos de novia junto a muchas señoras mayores y después compré unas rosas de género chiquititas para ponérselas a unos cuadros que pretendo pintar. Dormí una semana con Patrick Bateman, el sicópata de American Psycho de Bret Easton Ellis y una de esas noches, soñé que él me perseguía y mi celular sangraba por las teclas. Se me quedó mi teléfono una noche en la casa de la Pame, que ya ha tenido dos operaciones de columna, una manga y ahora, figura en silla de ruedas porque se partió una pierna en dos. Se cayó en el colegio donde hace clases por culpa de unas challas. La saqué a dar una vueltecita en la silla de ruedas y comimos helado centella que tiene 40 calorías. También conocí a mi sobrina Valentina que acaba de llegar al mundo y ya es una preciosura, perfecta, rucia, exquisita.
Vi a la Carlita que está con licencia médica por estrés y ahora vende ropa linda en su casa. Ese mismo día fuimos a ver la presentación de su hijo Matías en el colegio. Matías está en octavo, ya nos pasa a las dos en altura y bailó reggaetón. Cuando lo mira en actos públicos, a la Carlita le da una risa nerviosa y lo graba y Matías la mira y le sonríe porque aunque está enorme aún no le da plancha que su mamá le grite, lo besuquee, lo apachurre delante de sus compañeros. Es un lindo niño Matías.
Con la Maca vamos casi una vez a la semana a cantar a StarBar, un karaoke en Santa Isabel. Ya todos nos conocen, nos saludan de beso y las dos nos sentamos a mirar el cancionero, hablar del futuro y a cantar casi siempre las mismas melodías. Allá nos sentimos tan como en casa, que sólo nos vamos cuando el sueño es feroz y tenemos que volver a la vida real. Ahí donde hay trabajo, cuentas, días, horas, helados y empanaditas, el infaltable pisco sour, almuerzos, libros, paseos, y gente. Gente que celebra cumpleaños, matrimonios, guaguas, gente que una no se aburre de ver nunca, gente que una quiere y que hacen que estos hechos de la causa sean mucho más que hechos.