Mi libro Un Lugar en la Tierra, Viaje desde el Maltrato Emocional, en la prensa

Antes de que el libro saliera al mundo, tenía mucha incertidumbre sobre cómo sería recibido.

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Pero todo ha sido mucho más intenso, hermoso, emocionante de lo que pensé.  Además de que se ha leído y comentado mucho, hasta ahora me llegan todos los días correos de lectores que agradecen la historia, comparten un pedacito de la suya, reflexionan el torno al tema.  Como he contado, ha sido una avalancha de buenas vibras y de amor. Una verdadera avalancha. También hubo mucho más interés de los medios del que pensé.  El libro ha sido ampliamente difundido y comentado. Para la posteridad, acá algunos links de entrevistas y notas acerca del libro. Para quienes se lo perdieron, para quienes leyeron, para quienes aún están por leer. De nuevo, a todos, gracias. Muchas.

1. Revista Ya, 1 de julio publicaron una mini entrevista y un adelanto.

http://diario.elmercurio.com/detalle/index.asp?id={101a653d-2410-4343-be11-b2f0f4bbe8be}

http://diario.elmercurio.com/detalle/index.asp?id={54d1f42d-10f4-433f-ab22-24575707ccce}

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2.  4 de julio Mañana Será Otro Día en Radio Concierto

http://www.concierto.cl/blog/noticias/pepa-valenzuela-periodista-y-bloguera-lanza-su-libro-un-lugar-en-la-tierra-viaje-desde-el-maltrato-emocional/

3. Entrevista en Lanacion.cl

http://www.lanacion.cl/pepa-valenzuela-el-limite-de-la-felicidad-es-la-gente-que-te-hace-sufrir/noticias/2013-07-05/151205.html

4. Programa Hambreak con Marco Silva en Terra.cl

http://noticias.terra.cl/hambreak/videos/,485722.html?fb_action_ids=10151537209956778&fb_action_types=og.likes&fb_source=aggregation&fb_aggregation_id=288381481237582

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5. 9 de julio En radio Bio Bio con Pato Cuevas y Scarleth Cárdenas

http://www.biobiochile.cl/2013/07/09/pepa-valenzuela-presenta-libro-sobre-maltrato-emocional-y-entrega-claves-para-salir-delcoma.shtml

6. 11 de julio en radio Cooperativa con Cecilia Rovaretti en Una Nueva Mañana

http://www.cooperativa.cl/noticias/sociedad/mujer/periodista-maria-paz-cuevas-presento-libro-sobre-el-maltrato-emocional/2013-07-11/120756.html

7.  En Ciudadano ADN, Radio ADN con Eduardo Fuentes

http://www.adnradio.cl/noticias/sociedad/periodista-presento-libro-donde-narra-su-experiencia-de-maltrato-psicologico-con-una-expareja/20130722/nota/1937166.aspx

8. Nota en LUN

http://www.lun.com/lunmobile//pages/NewsDetailMobile.aspx?IsNPHR=1&dt=2013-07-16&NewsID=0&BodyId=0&PaginaID=8&Name=8&PagNum=0&SupplementId=0&Anchor=20130716_8_0_0

9. En el programa Demasiado Tarde con Nicolás Copano y Cata Albert, CNN

https://www.facebook.com/demasiadotarde/posts/10151545034820794

10. En nota del noticiario del mediodía de TVN, minuto 1:11

http://www.24horas.cl/noticiarios/24horasaldia/24-horas-al-dia—viernes-9-de-agosto-786358

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11. Entrevista en Tendencias Mujer Emol

http://www.emol.com/tendenciasymujer/Noticias/2013/08/08/24522/Maria-Paz-Cuevas-El-maltratador-psicologico-te-puede-demoler-con-su-boca.aspx

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Un lugar en la Tierra, viaje desde el maltrato emocional

Ya está en el mundo mi primer libro.

Se llama Un Lugar en la Tierra, Viaje desde el maltrato emocional.

Está en librerías Antártica, Feria Chilena del Libro, Que Leo y Metales Pesados.

Con amor, para quienes me acompañaron en este trayecto

Y para todos, todas, quienes lo quieran leer.

Acá está lo que dice la contratapa:

Joven, atractiva, con un trabajo envidiado por muchos, departamento propio y un grupo de amigos de lujo. Así es la protagonista de este libro, quien parece tenerlo todo pero se ve inmersa en una relación de pareja insana y destructiva de la cual lucha por salir a flote.

Narrado en un estilo directo y coloquial, Pepa Valenzuela – seudónimo con el que firma la periodista María Paz Cuevas – relata su propia experiencia de violencia psicológica, la que sufrió de parte de su ex novio y cómo logra emprender un viaje de reparación que le permite recuperar su estabilidad interna. En ese proceso se da cuenta de que se había abandonado a si misma y descubre la importancia de autocuidarse y liberarse de las ataduras y modelos sociales, para comenzar a vivir bajo sus propios parámetros.

Un Lugar en la Tierra, Viaje desde el Maltrato Emocional, es también una inmersión en la compleja psiquis femenina y es por sobre todo, un relato valiente, con el cual muchas mujeres podrán identificarse y hallar el aliento y la esperanza que requieren para sobrevivir al naufragio emocional y poder empezar de nuevo.

“Este es un libro sobre el dolor, la soledad, la búsqueda de uno mismo y de su lugar en el mundo. Una caricia para quienes sufren o han sufrido maltrato. Un salvavidas en medio del naufragio. Un grito de aliento y de amor, desde el abismo del corazón”. Pepa Valenzuela.

 

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Secretos de periodista

Por Pepa Valenzuela
Alguna vez Don Guillermo, el guatón Hidalgo, andaba con la idea de hacer un libro firmado por mil o cien periodistas chilenos en el que contáramos ciertos backstages de nuestros reporteos, esas cosas sabrosas que pasan y que uno, por desaparecer del texto, deja afuera de la versión final. Aquellos secretos de periodista que salen a flote en reuniones entre colegas. El otro día pensaba en ellos, en mis secretos de periodista y decidí que tenía que escribirlos, al menos por aquí, para no olvidarlos más. Aquí, algunos de ellos.
– Alguna vez reporteando las historias de los animales del zoológico, fui perseguida para fines amatorios por un ñandú macho. El animal, corrió detrás de mí por toda la jaula abriendo y cerrando el pico emitiendo un ruidito escalofriante. “Detecta que usted es hembra”, me explicó el cuidador.
– Alguna vez estuve una tarde entera, de 12 del día a 12 de la noche, en un bar de cortinas rojas con una ex actriz porno chilena. Yo quería almorzar, ella pidió a las 1230 del día un tequila margarita y así siguió tomando hasta anochecer. Cuando ya eran las 11 de la noche, la ex actriz se entusiasmó con una canción de Gnarls Barckley y se subió a bailar a la barra que era bien alta, en unos tacones enormes. Se sacó cresta y media. Pero rápidamente se paró y volvió a bailar. Fue uno de los días más bizarros de mi vida.
– Alguna vez entrevisté a una famosa animadora de televisión que partió toda amorochita así, melosa hasta morir y terminó simulando llanto espontáneo e insultándome y echándome del canal porque le hice una pregunta que no le gustó. Al día siguiente me llamó para pedirme disculpas, para decirme que quería abrazarme porque yo le parecía una linda persona. Le agarré pánico. Hasta el día de hoy es la única persona que no entrevistaría por nada del mundo.
– Alguna vez reporteando sobre la píldora del día después, pasé una hora escuchando como una matrona me explicaba el ciclo reproductivo. No me dio la pastilla. Yo tenía 27 años.
– Alguna vez entré a la cárcel como visita para convencer a Carlitos Joya, el líder de una banda que excavó un túnel perfecto para robar las joyas del banco Bice – he ahí el apodo – que me diera una entrevista. Las gendarmes me trataron como una vaca. en una separación de cortinas, con otras dos chicas, tuve que bajarme los calzones, levantarme los sostenes y sacarme los calcetines delante de una guardia que por mi lentitud en el proceso me dijo: “Vos rucia ¿soy huevona o te hacís?”. Una de las chicas que estaba a mi lado e iba a visitar a quizás quién, le contestó: “Tss, no huevís po, si parece que es primera vez que la flaca viene pa acá, ¿cierto Flaca?”. Asentí. Después de la revisión, entré al gimnasio donde los hombres del pabellón esperaban su visita. Un gendarme me ubicó a Carlitos Joya, un moreno bajito y maceteado con cara de pocos amigos que me saludó con desconfianza. Nos sentamos en el suelo y empecé a explicarle quién era y a qué había ido. Estaba en eso cuando por la puerta de visitas entró una chica hiphopera, jeans anchísimos, los calzones asomados y el pelo con miles de trencitas. Era la novia de Carlitos Joya. Cuando nos vio, se acercó a Carlos, le dio un empujón y se fue hasta el final del gimnasio, hecha una furia. Carlitos partió detrás de ella deshaciéndose en disculpas. Más tarde los vi entrar a un camaro para tener sexo. Nunca más los volví a ver.
– Alguna vez estuve de copiloto en el auto de película de un padre acusado de maltratar a su hijo en varias oportunidades en Viña del Mar. Íbamos desde su casa hasta el mall de esa ciudad para almorzar. Sentí mucho miedo: manejaba tranquilo dos cuadras y después metía el acelerador a fondo en la tercera. Así fuimos de chantada en chantada por cuadras que se me hicieron eternas.
– Alguna vez estuve acá en Chile en un verdadero castillo medieval, hecho de adobe, piedras y barro. Sin luz. Y juro por lo más sagrado que mientras conversaba con su dueño a la luz de la chimenea, vi que su cara cambiaba de un rostro a otro bajo la penumbra.
– Alguna vez volé en un avión de la fuerza aérea colombiana en la cabina del piloto de Santiago hacia Concepción. Fue después del terremoto y los militares colombianos que vinieron a prestar ayuda a Chile, me invitaron a ponerme de pie para ver cómo aterrizábamos por la ventana del piloto. Indescriptible sensación.
– Alguna vez estuve con un actor argentino, gay, maestro, imitador y portador de VIH en su casa enorme en Buenos Aires. Ese día, le habían aparecido unas ronchas rosas en sus piernas por la enfermedad. Pero esperó que terminara la entrevista, que hizo rodeado de sus perritas poodles mejor ataviadas que yo, para ir al hospital. Meses más tarde supe que había fallecido y me dio una profunda pena. Bendiciones para ti, Fernando Peña. Donde estés.
– Alguna vez conocí casi todos los moteles capitalinos haciendo la Ruta de Niditos de Amor para una revista femenina. En todos, me regalaron invitaciones y tarjetas de descuento. Le regalé una a una amiga muy querida que pronto se iba a casar. Todas se vencieron sin haberlas podido ocupar: estaba solterísima durante ese tiempo. Sin embargo, en uno de esos moteles, donde me hicieron una cata de tragos y platos, probé la mejor crema de zapallos de toda mi vida.
– Alguna vez entrevisté a unos negritos cantantes de reggaetón. Uno de ellos, al ver que me devolvería a mi casa a pata, insistió en llevarme a casa en su auto, un jeep con parlantes sorround, neumáticos enormes, pantalla plana y harto bling bling. Me llamó un par de veces para invitarme a salir. Me decía mami. Profesional que es una, no acepté sus invitaciones.
– Alguna vez puse a mi cuerpo a disposición del reggaetón cuando llegó el ritmo a Chile y al servicio del caño, cuando se masificó entre las chilenas. Todo, con muchísimo dolor articular posterior.

Lecciones de Cuba

Por Pepa Valenzuela

Volví hace tres semanas de Cuba. Fue un viaje inolvidable. De esos que te voltean el corazón como si fuera reversible. De esos que te modifican para siempre una tuerquita del alma. Algo ahí adentro, se acomodó en su espacio y me cambió para siempre. Y me regresó a este pedacito de tierra, distinta, más madura y plena, entendiendo lo que aquí jamás podría haber entendido. En resumen, feliz como hacía años no lo estaba. Estas son las lecciones que la isla me dejó. Estas son las cosas que en la isla nos pasaron, porque sí, nos tenían que pasar.

N1. Hay cosas que una no entiende para qué pasan. Hay gente que una conoce y no entiende para qué tuvo que conocerlas. Hay veces en que una no halla cómo explicarse el daño y la decepción cuando son feroces, cuando aniquilan hasta el mejor de los recuerdos. Eso me pasó con mi ex. Pasaron muchos meses sin entender para qué lo había conocido una vez que descubrí todas las verdades que me escondió. No entendía para qué había pasado por mi vida. No entendía qué había venido a decirme. Yo ya había aprendido las lecciones de la decepción. Un rato después, éntendí a medias que sí, que había llegado en un momento de mi vida en que necesitaba un arrullo. Y más tarde, cuando Ingrid me lo dijo, que una no perdía ni le quitaban las cosas que quería, sino que el destino te los sacaba del camino rápidamente para que una no se desviara de la meta. Pero recién ahora, en este viaje a Cuba entendí para qué lo conocí: para conocer a la Maca. Él sólo fue el intermediario que dejó en mi vida a una mujer espectacular. A una nueva amiga a la que después de este viaje, quiero entrañablemente. Ya sabrás Maquita entonces para qué habrán pasado las cosas que nos pasaron: alguna vez, teníamos que conocernos en plena libertad. Tal y como somos. Sin censuras de hombres que sí, Maca, no nos llegaban ni a los talones.

N2. También creo que estaba escrito que fuera a Cuba ahora. No antes, como quería. En diciembre fueron la Caro y su amiga ídem. Y yo quise unirme al viaje, pero finalmente no pude embarcarme para operarme la vista. Una cosa por la otra. Pero fui ahora porque ahora tendría una misión: darle una mano a una valiente escritora cubana que se ha pasado varios años denunciando las violaciones a los derechos humanos que ocurren en la isla. Yoani Sánchez, la bloguera que ha sido hostigada, secuestrada, amenazada por el régimen, sigue escribiendo con una firmeza conmovedora, sorteando los miles de obstáculos que le ha impuesto el gobierno cubano. No podía hacer menos que llevarle un ejemplar de Cuba Libre, su propio libro, que había sido publicado hacía dos meses en Chile y a ella le habían prohibido tener. No la dejaron salir para su lanzamiento y le retuvieron un par de ejemplares que le enviaron desde el exterior, en la aduana del aeropuerto de La Habana. Ella me lo pidió por teléfono. Y no pude hacer menos que comprarlo, forrarlo en doble papel de regalo y meterlo escondido en la maleta. Ver su emoción, sus ojos brillantes cuando lo tuvo entre sus manos, fue impagable. Fuerza, Yoani. Fuerza y bendiciones desde Chile. Un honor haber estado contigo y haber podido dejar en tus manos, de regreso, tus palabras.

N3. Tuve que atravesar volando casi la mitad del globo terráqueo para encontrar un tesoro que había perdido hacía años aquí en Chile. No sé cómo diablos llegó tan lejos ni cómo aterrizó en la isla. Pero en Cuba encontré de nuevo mi autoconfianza como mujer. Sí, tenía la seguridad profesional y personal. Sí, me sentía una periodista aperrada y empeñosa y una buena cabra. Pero la seguridad femenina, se me había arrancado de las manos hacía rato. Más bien me la habían arrebatado la presión social, pastelazos masculinos, reventadas de burbuja y el abandono al que una se ve expuesta acá en Chile. Sí, chilenos. Ustedes nos han abandonado a las mujeres. No a todas, pero a demasiadas. Pero eso es algo que les explicaré más adelante, en mi próximo punto. El asunto, es que en Cuba, recuperé mi autoconfianza como mujer. Me volví a sentir bonita, protegida, mimada, atendida, pero sobre todo visible. Porque allá me vieron. Y vieron a Maca y a Caro. Hombres de diversas las edades, nacionalidades e intenciones. Porque no sólo nos vieron como si fuéramos un pedazo de bistec. Nos vieron y nos trataron todos esos hombres, como mujeres. Nos galantearon, independientemente de si querían algo más con alguna o no. Nos cuidaron. Nos dijeron cuando nos veíamos lindas. Nos atendieron como si fuésemos flores. Nos hicieron sentir interesantes en la conversación, entretenidas en las fiestas, un privilegio como compañía. Cubanos, peruanos, ingleses, dominicanos, belgas y canadienses de todas las edades. Como nuestros entrañables amigos de Canadá: los chicos tenían entre 21 y 29 años. Y todos, hasta el menor de ellos, nos trataron como verdaderas reinas. Es decir, como hombres, como caballeros con todas sus letras. Gracias G, Mike, Jordan, Andrew y Brian. Gracias a todos los estupendos hombres que encontramos en la isla. Gracias a ustedes, las tres florecimos. Nos volvimos a sentir visibles, vivas, mujeres. Experimentarlo y ser testigo de ese proceso de Maca y Caro, fue un privilegio que no tengo cómo pagarles.

N4. A medida que fui floreciendo en Cuba, gracias a la distancia, la perspectiva y la evidencia, se me fueron despejando las dudas que tenía en Chile. Hasta que un día vi todo claro y me dio una rabia sorda. La rabia que da cuando una descubre que ha creído en una mentira por demasiado tiempo. La rabia de constatar que no, que no era problema mío, ni de mis amigas, ni de cierto tipo de mujeres, quizás demasiado avasalladoras, demasiado intimidantes, demasiado independientes, sino que era problema de ellos. Tuve que llegar a Cuba para que la película de la masculinidad en Chile – una película triste y con mal final – me quedara clara. Y cuando lo entendí, me dio rabia. Más rabia que pena, aunque pena igual me dio. Allá entendí lo que era obvio, pero de tan inmersa en nuestra realidad, no lograba ver: que los hombres chilenos – no todos, pero sí una inmensa mayoría – nos han abandonado. Nos abandonan cuando no se nos acercan a conversar. Nos abandonan cuando nos dejan bailando entre amigas mientras ellos conversan pelotudeces, haciendo como si fuéramos invisibles. Nos abandonan cuando no dicen lo que sienten o lo que ya no sienten por nosotras. Nos abandonan cuando mienten parra conseguir favores. Nos abandonan cuando nos dan excusas baratas, de niños de pecho, para no amarnos. Nos abandonan cuando quieren perpetuarse en la adolescencia y seguir chupando, fumando, atracando con todas las que puedan, incluso cuando han pasado los 30 años y ya se ven patéticos haciendo ese numerito. Nos abandonan cuando esgrimen miedos y bloqueos emocionales, olvidando que todos, incluidas nosotras, también tenemos miedos, pero los enfrentamos y no nos andamos divulgando como escudo de inmunidad. Nos abandonan cuando no nos dicen si estamos lindas, ricas, sexies, por hacerse los cool, los indiferentes, los difíciles, los inalcanzables. Nos abandonan cuando de puro cobardes, de puro flojos invirtieron los papeles y dejaron que nosotras hiciéramos solas la pega de la conquista. Nos abandonan cuando literalmente nos abandonan y desaparecen sin dar excusas, sin pedir una disculpa, sin hablar con cojones sobre lo que ha sucedido. Nos abandonan cuando prefieren juntarse con amigotes antes incluso de tener sexo en la casa. Nos abandonan cuando creen que su trabajo es lo más importante del Universo y del Más Allá. Nos abandonan de todas esas formas a nuestra propia suerte. A un terreno baldío y tan siniestro, que trastorna las cosas y una se empieza a volver loca y de chica completamente normal, cuerda, linda, trabajadora pasa una a preguntarse qué pasa, cuál es el problema, parece que soy invisible, algo malo tengo yo, quizás estoy muy fea, o quisquillosa, o guatona, quizás parezco travesti, mientras el resto pone lo suyo diciendo ah, es que ustedes son mañosas, exigentes, se les va a pasar el tren y sí, así muchas mujeres terminamos creyendo lo peor: que la culpa es propia. Ciegas, palpando en esa oscuridad a la que nos ha arrojado el mutismo y el abandono masculino, acabamos creyendo seriamente que algo malo tenemos. Y que casi nos merecemos tanta indiferencia, incertidumbre y porquería. Pero no. En Cuba vi clarito que no es así. Que ésa es una tara de ellos, no de nosotras. Y por lo tanto, me boté ese peso de encima y decidí no hacerme cargo de rollos, fallas, trancas y peros que no me pertenecían. Que no nos pertenecen a ninguna de nosotras. Sus razones para abandonarnos son sus razones. Quizás a la mayoría de los hombres ya no les gustan las mujeres nomás. Quién sabe. Si me preguntan a mí, el abandono eso sí me parece de una falta de hombría feroz. Porque siempre entendí que tanto una mujer como un hombre, se construyen en función del otro. Y por lo tanto, un hombre se hace hombre de verdad cuando decide amar a una mujer y construir un futuro con ella. No antes. Menos arrancando en sentido contrario, abandonando a las mujeres a su suerte y a su incertidumbre. Eso, a todas luces y al menos para mí, es de una mariconería feroz.

N5. Soné rabiosa en mi punto anterior. Pero sí, lo pienso y me da una ira tremenda. Pero lo cierto es que este viaje me dejó más feliz de lo que he estado en años. Tremendamente dichosa, plena, con el corazón abierto de par en par. Me botaron mis pequeños mis muros de defensa y después de siglos sin hacerlo, volví a escuchar que me querían, así, mucho, con el alma y yo, temerosa, que lo había olvidado casi, porque acá está tan prohibido, porque acá a cualquier pelagato le da un infarto como si fuera algo malo, porque es algo que no se dice para no meter las patas, para que no arranquen como cuete, yo, sí, yo, la mujer que casi lo había olvidado, volví a decir te quiero. Te quiero y mucho.

Ausencia

He estado muy ausente últimamente por estos lados.
Pero tengo mucho que contar.
Muchas cosas que escribir.
Quizás aún no las proceso ni las pongo en orden.
Pero ya tengo una pista: desde septiembre del año pasado hasta ahora, me he despertado de varios sueños en los que creía. Como haberse acostado en medio de un cuento y despertar en la Matrix. Como decía la canción que más me gustaba de niña: Mi lindo globito, pum, reventó. Ya les contaré un poco de eso. Pero antes, quería dejarles las últimas cuatro cosas que he escrito y que me han gustado más que otras.
Feliz Pascua de resurrección.

http://www.paula.cl/blog/reportaje/2009/10/05/heidi-y-gretel/

http://www.mer.cl/modulos/catalogo/print_noticia.asp?idnoticia=C24328620091208&seccion=YA&fecha=2009-12-08

http://diario.elmercurio.cl/detalle/index.asp?id=a04e3246-81d8-4dee-b901-61d8bd46dfd8

http://diario.elmercurio.cl/detalle/index.asp?id=698f38f6-33f1-4b78-b763-82a380381c84