El amante de mamá

Hace un par de años, escribí esta columna para una revista del cable sobre la compañía que ejercía la tele nuestra de cada día. En nuestra casa, es influencia tenía un rostro y un nombre: Felipe Camiroaga.
A una semana del accidente que se lo llevó a él y a otras 20 chilenos solidarios, les dejo mi mínimo y pequeñísimo homenaje. Godd fly, Felipe. Y gracias por todo.

El amante de mamá
Por Pepa Valenzuela

Mamá es una mujer con el corazón acorazado. Una secretaria jubilada que desde que se separó del multimaniático de mi padre hace más de dieciocho años, se declaró inmune al amor. A sus cuarenta años, dos matrimonios con hombres imposibles le bastaron para convencerse que ninguna posible gracia del sexo opuesto era tan grande como para soportar sus mañas y además lavar calzoncillos ajenos. Por eso, todavía guapa y vigente, decidió dar un paso al lado. Declararse en huelga. Apagar para siempre su transmisión en rosa. Ponerse en off. Desde entonces ha estado sola. Y a pesar de las supuestas contraindicaciones para el ánimo, la piel y no sé cuántos otros males más que significa vivir sin amor y sus bondades, mamá parece una mujer bastante feliz. Sin embargo, creo saber por qué: desde que está sola, tiene un amante que sólo habla cuando ella quiere, la hace reír a carcajadas y además se calla cuando ella lo decide. Un fiel compañero que va detrás de ella por todas las habitaciones del departamento, la hace viajar a los lugares donde ella siempre ha soñado ir, comparte con ella a otros galanes que ella siempre quiso amar – no tiene celo alguno -, y además la entretiene todo el santo día: el televisor. Mamá ama a su televisor. Lo ama de verdad. No es una relación superficial ni utilitaria del doy te doy y tú me das ni una relación de sana convivencia. Entre ellos hay amor del bueno y a ratos, pura pasión incendiaria. Tanto así, que hace poco decidió bautizar a este insólito amante, como una medida para romper el hielo. En mi casa, la tele no se llama tele. El gran televisor de 21 pulgadas que mi vieja arrastra de su dormitorio al living por las mañanas y del living a su dormitorio por las noches arriba de una mesita con ruedas, se llama Felipe. Un homenaje a Felipe Camiroaga, el hombre que nos levanta a mi madre y a mí, en todo el amplio sentido de la palabra.
Como decía, entre mi madre y Felipe, su televisor, hay amor. Nunca he visto mujer más enamorada de algo que mi vieja de su Felipe. En la mañana lo saluda antes de encenderlo y cuidadosamente, sin sacarle sus antenitas al sol todavía, lo lleva hacia el comedor. Ahí, juntos comienzan a comentar las noticias. Felipe se las cuenta y mi madre a veces se las discute, otras veces se emociona hasta las lágrimas con historias de superación o dramas de la vida real y otras, le grita furiosa a su novio cuando éste le cuenta cosas que a ella no le gusta escuchar: alzas de precios, abusos de poder, ladrones dejados en libertad y el último tema por el que casi casi han terminado, el Transantiago y sus múltiples aberraciones. A mediodía discuten como buenos enamorados que son. Mamá se pasa todo el día diciéndole a Felipe con quiénes debiera trabajar y con quiénes no. Hay ciertos opinólogos, conductores y modelos que ella no soporta y no le cabe en la cabeza que Felipe les de empleo dentro de su pantalla plana. “Cuántas veces hay que decir que Juanito Pérez o Sultano no sirven y hablan puras cabezas de pescado”, suspira indignada desde la cocina, mientras prepara el almuerzo. Pero no todo son peleas. A veces hay momentos de pura ternura. En la tarde, Felipe la arrulla contándole historias con acentos mexicanos, gringos o venezolanos con los que mi madre se queda profundamente dormida durante su siesta. Y en la tarde, ambos de ríen de buena gana con series humorísticas, estelares y realities. Mamá conoce tan bien a su acompañante, que muchas veces lo adivina y sabe en qué van a terminar sus teleseries interminables. “Una que ha sido directora…”, le repite cuando llega el final de una serie y era tal como ella la había predicho. Pero lejos el momento peak, es cuando Felipe se pone romántico y le empieza a mostrar países y destinos exóticos donde juntos viajan de la mano. Hace poco, los dos hicieron un tour por los países vascos. Mi madre estuvo una semana hablando sin parar de los lugares que conoció gracias Felipe. Sin embargo, ella no le es fiel del todo. A veces mi madre le pone el gorro a su amante con los mismos tipos que Felipe le presenta: por lo menos una vez a la semana, a la hora del desayuno, mamá me confiesa que tuvo un sueño apasionado con algún rostro de la pantalla local. Así, en sus sueños, mi madre ha pololeado con Bam Bam Zamorano (ojo, en su época de pichichi, no de marido y padre responsable), el cantante de Rojo Mario Guerrero (“Uy, aunque es cabrito, ¡estaba tan enamorado de mí en el sueño, mijita!”), el actor Luciano Cruz Coke (“Y eso que a mí nunca me ha gustado”) y el supergalán Antonio Banderas, con quien no experimentó remordimiento alguno. Sin embargo, el amor es mutuo y Felipe perdona todos sus deslices y enojos. Y la acompaña fielmente hasta que cae la noche y ella se queda dormida al compás de su voz y bajo el potente resplandor de la luz que yo, más tarde, apago calladita y en puntillas.

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Retrato de mi madre

Les cuento, señoras y señores
No es que esté escribiendo menos. Al contrario. Sigo escribiendo como una chinita, pero sólo que para muchos lados. Empecé ahora a escribir sobre la vida misma en la página de Belleza de Falabella (www.bellezafalabella.cl)
Por ahora les dejo el link para este día de la mami
Acá, Retrato de mi madre:

http://www.bellezafalabella.cl/index.php?mod=noticia&categoria=36

Las conspiradoras

Esto apareció hace unas semanas en revista Mia de Lun.
Una columnita llamando a la solidaridad gremial.
Por Pepa Valenzuela

Cada vez que hablábamos de pololos, proyectos de pololos, peores son nada y ex varios, una amiga terminaba diciendo con voz de tráiler hollywoodense: “Y mañana no se pierda un nuevo capítulo de la teleserie del momento: Gil de Cuna”. Entonces nosotras nos reíamos a carcajadas, aunque fuera un chiste cruel. Sí, era harto cruel. Porque como nos habíamos dado cuenta hacía poco tiempo las protagonistas de la teleserie del momento, Gil de Cuna, éramos nosotras mismas. No importando cuán vivas nos creyéramos, a todas alguna vez nos habían hecho huevo de pato. Es decir, nos habían mentido, dejado sin explicaciones, utilizado para fines insospechados o vendido la pomada. Todas, llegando casi a los treinta años, acumulábamos una mochilita no menores de esas experiencias. Y claro, cuando empezamos a hablar de ellas, nos causó gracia. Pero después, nos dimos cuenta de que no era nada divertido. Más aún, que gran parte de la culpa de que nos hubiesen pasado todas esas leseras era de nosotras mismas. Era una culpa gremial. Una culpa de género. Analizando cada gol que nos habían pasado, llegamos a la alarmante conclusión de que la mayoría se podría haber evitado si alguna de nosotras hubiera abierto su boquita y nos hubiera advertido del peligro. Que nos habríamos ahorrado tremendos porrazos si hubiéramos tenido mejor comunicación y mayor lealtad de género. Peor conclusión aún: las mujeres éramos muy poco solidarias entre nosotras. No porque no nos quisiéramos, sino todo lo contrario. Si no éramos más solidarias era porque queríamos mucho. Principalmente a nuestras piernas peludas. Por lo tanto nuestra primera lealtad estaba con ellos. Por eso, nos callábamos cosas que sabíamos a través de ellos y además, les contábamos todo. Todo, todito, como loros, algo que ellos nunca hacen. Lección para aprender de ellos: los hombres nunca delatan a sus compañeros con nadie.
Cuando descubrimos eso, las protagonistas de Gil de Cuna nos quedamos pensando. Y poco a poco fuimos cambiando algunas cositas. De partida, empezamos a juntarnos más entre puras mujeres para conversar más. Y al tiempo, sin preparaciones ni conscientemente, empezamos a conspirar. No como mafiosas, que se entienda bien. Tampoco la idea era convertirnos en lo mismo que despreciábamos. Empezamos a conspirar para fines positivos. Para alegrarnos la vida haciendo alguna cosa entretenida cuando alguna de nosotras estaba bajoneada. A planear cómo podíamos sacar adelante a otra que de repente se venía abajo cuando de la noche a la mañana quedaba sin trabajo o soltera sin mayores explicaciones. Propusimos métodos de acción para saber verdades que nos intrigaban para no quedarnos con esas dudas que matan. Las comprometidas empezaron a ayudar a las solteras presentando algunos especímenes disponibles. Las solteras les enseñamos a las comprometidas a darse tiempo para ellas mismas y les subimos autoestimas que después de años de convivencia, habían desaparecido. Acordamos tácticas comunicacionales para no ser nosotras las intrigadas, sino que ellos vía Facebook, twitter y otros. Ayudamos a algunas chiquillas a liberarse de pestes que las tenían ciegas e incluso funamos, claro que con muchísima elegancia, a vacunas que habían causado desastres espantosos entre alguna de nosotras. Sin planearlo demasiado, establecimos nuestro propio código de honor. Nuestro equipo de simuladoras para protegernos y ayudarnos a ser felices. Algo que sin llegar a la desconfianza extrema ni a la maldad gratuita, cualquier grupo de chicas debiera establecer como medida urgente para no andar tan de gil de cuna – léase desprevenida y por lo tanto más susceptible a ser embarrada – por la vida. Algo que se logra con un poquito más de solidaridad gremial y conspiración entre amigas de las buenas.

Ausencia

He estado muy ausente últimamente por estos lados.
Pero tengo mucho que contar.
Muchas cosas que escribir.
Quizás aún no las proceso ni las pongo en orden.
Pero ya tengo una pista: desde septiembre del año pasado hasta ahora, me he despertado de varios sueños en los que creía. Como haberse acostado en medio de un cuento y despertar en la Matrix. Como decía la canción que más me gustaba de niña: Mi lindo globito, pum, reventó. Ya les contaré un poco de eso. Pero antes, quería dejarles las últimas cuatro cosas que he escrito y que me han gustado más que otras.
Feliz Pascua de resurrección.

http://www.paula.cl/blog/reportaje/2009/10/05/heidi-y-gretel/

http://www.mer.cl/modulos/catalogo/print_noticia.asp?idnoticia=C24328620091208&seccion=YA&fecha=2009-12-08

http://diario.elmercurio.cl/detalle/index.asp?id=a04e3246-81d8-4dee-b901-61d8bd46dfd8

http://diario.elmercurio.cl/detalle/index.asp?id=698f38f6-33f1-4b78-b763-82a380381c84

El día D


El terremoto y la huida en primera persona
Por Pepa Valenzuela

Sentadas alrededor de la mesita de mimbre de la terraza de la casona de la playa en Maitencillo, finalmente las siete hacíamos un brindis con piscolas y pisco sours. Habíamos estado planeando la despedida de soltera para la novia con un fin de semana en la playa hacía tiempo. Y todo había salido como esperábamos: teníamos listo el video con el novio, comida en abundancia, una casa enorme que nos prestó una prima de una de las organizadoras y lo más importante, habíamos logrado secuestrar a la novia, quien a las 13 horas de la tarde del viernes, ya había terminado su pega de jueza y no tenía idea que en un momento más, tres de nosotras terminarían metiéndola al auto y llevándola hasta la costa sin pedirle ni permiso. El novio, uno de mis buenos amigos del colegio, ya nos había hecho su bolsito y nos había regalado todo el trago. Un marido dadivoso, nos compró carne y longanizas en La Vega para que hiciéramos dos tremendos asados. Y nosotras, habíamos estado coordinando todo vía mails masivos que cada día tenían algún inconveniente o incendio nuevo. Así es que estuviéramos al fin ahí, con la novia con una sonrisa de oreja a oreja por vernos a todas reunidas, nos tenía dichosas. Y un poco arriba de la pelota. Llevábamos varias horas bebiendo, contándonos todas nuestras peripecias, datos y anécdotas en el mambo horizontal, desmenuzando todas nuestras gracias y desgracias en ese ámbito y desnudando nuestra propia sexualidad. Así es que un poco antes de las tres de la madrugada, todas bastante chispeantes, decidimos que ya era hora de mostrarle a la novia el video donde el novio contestaba nuestro pícaro cuestionario. Entramos a la casa y nos acomodamos todas arriba de la cama matrimonial. La anfitriona conectó la cámara a la televisión y le preparamos una díscola piscola a la novia, para que bebiera un sorbo cada vez que no le achuntara a las respuestas de su futuro marido. Y empezamos a ver: en la pantalla, el pobre novio, estaba amarrado al catre, lleno de besos rojos pintados en la cara y el cuello, un pañuelo amarrado en la cabeza y con cinco de nosotras, agasajándolo disfrazadas de mujeres de lujo de arriba de una cama de dos plazas. La novia se reía a carcajadas. “¡Pobre! ¡Y se prestó para eso!”, y seguía riéndose con la guata agarrada a dos manos. Mi traste, enfundado en una mini dorada de lentejuelas, acaparaba la mitad de la pantalla. Mientras el novio, empezaba a responder dónde le había pedido pololeo a la novia, cuál fue su primer beso con ella, posiciones favoritas, anécdotas triple X. Buen matrimonio iba a ser ése, pensaba yo: la novia, le achuntaba a la mayoría de las respuestas. No era de extrañar: mi amigo lleva 9 años con su novia, desde el segundo año de la Universidad. Y es una de esas parejas que se aman con locura. Que se acompañan y se cuidan como dos buenos amigos. Uno de esos amores que tienen sentido. Pero cuando terminamos de ver el cuestionario y sólo faltaba el mensaje romántico del novio a la novia, la tierra comenzó a moverse. Primero suavemente. “¡Mierda! ¡Está temblando!”, gritó una de nosotras e inmediatamente cuatro salieron disparadas de la cama hacia el ventanal. Lo abrieron y salieron al patio. Una gritaba, llorando. Yo, me quedé encima de la cama, sentada, alerta. La verdad es que no les tengo miedo a los temblores: estoy acostumbrada a vivirlos en altura y mamá, que sobrevivió al terremoto del 60, me enseñó a mantener la calma frente a esas circunstancias. Pero calma era lo que menos había en casa. Menos cuando la casa se movió de un lado a otro, en fuertes remezones. Una de las chicas lloraba, con las manos sobre los ojos. Las otras se daban vueltas como gatas en el patio. La anfitriona, cacheteó a la que lloraba. ¡Basta! ¡Tranquilízate! Entonces paró de temblar. Y todas salimos raudas hacia la calle a ver qué pasaba. Y ahí vimos: la mayoría de los autos estaba con las luces encendidas, listos para arrancar. Algunos vecinos deambulaban abrigados, preguntando qué había pasado. y nosotras, cada una con el celular en mano, intentaba en vano comunicarse con sus respectivos novios, madres e hijos. Sólo una lo logró, durante el sismo, con su pololo: ¡Mora, se está cayendo el edificio!, alcanzó a decirle él antes de que se cortara la comunicación. Ella comenzó a llorar desconsolada. Y cada una, seguía deambulando como loca con su celular en la mano. Hasta que nos juntamos. Y empezaron las propuestas: esto fue fuerte, va a haber tsunami, tenemos que devolvernos a Santiago. ¿A Santiago? ¡Estamos todas con trago en el cuerpo! ¡Nos podemos matar! Cuatro de nosotras, volvimos a entrar a la casa, mientras dos, la anfitriona que tiene dos niños pequeños y otra, intentaban seguir comunicándose con Santiago infructuosamente. Las demás, nos metimos en sacos de dormir y nos quedamos dormidas.
Desperté un poco antes de las siete de la mañana cuando escuché a las dos que quedaron despiertas hablando por teléfono. Recién habían logrado contactarse. A una de ellas le dijeron: La CNN dice que hay riesgo de maremoto en toda la costa de Chile y Perú. Entonces sentí los pasos. Alguien zarandeándome las piernas. “Pepa, despierta, nos tenemos que ir porque hay riesgo de tsunami”. En un dos por tres, la casa estaba ordenada, los bolsos hechos, los sacos de dormir envueltos. Todas teníamos una cara de terror espantosa. Nos abrazamos antes de meternos cada una a los dos autos que teníamos y nos deseamos suerte. Seguí llamando a mamá sin éxito: estaba preocupada por ella. Estaba sola, durmiendo en su departamento del sexto piso de las Torres San Borja. Pero me era imposible la comunicación. Recordaba entonces, para relajarme, lo que siempre me decía cuando había temblor y nos abrazábamos debajo del dintel de la puerta: “Mijita, si estas torres se caen, está todo Santiago abajo, muerto. Estas torres van a ser las últimas en caer, son muy firmes”. Respiraba. La conductora, con mano firme, manejaba con una entereza increíble. Atrás, otra amiga dormía: ya había podido hablar con su novio, el que le gritó que el edificio estaba caído y estaba bien, a salvo. Dentro de todo, iba tranquila: pensaba que habernos ido, era una exageración. Más aún en esas condiciones. Hasta que llegamos a la carretera 5 Norte y la vimos: una pasarela peatonal partida en dos encima de la autopista como un pedazo de papel. Un carabinero estaba desviando el tránsito hacia la caletera. “¡Cresta! Mira la pasarela!. Entonces empecé a llamar de nuevo a mamá. Esta vez, me contestó: “¡Hija, hija! ¡Cómo estás!”. Le dije que bien, regresando a Santiago. “Me evacuaron, mijita. Estuvimos tres horas abajo del edificio, se cayeron escombros dentro de las torres, se me cayeron los cuadros, los floreros, todo. Pero estoy bien”. Ahí empecé a tiritar. En las torres jamás se caía ni un chiche de estantería. La cosa había sido fuerte. Mi estómago se apretó al instante. Empecé a sentir dolor de guata. El dolor fue creciendo a medida que vimos la segunda, tercera y cuarta pasarela peatonal quebrada arriba de las vías. Ya nos aproximábamos a Lampa cuando vimos un cuadro apocalíptico, igual a la película Tornado: una chimenea de humo negro que a lo lejos, cubría todo el cielo. Al poco rato, entramos en la niebla. En un pedazo espacial negro, frío, con un olor tóxico. Una de las fábricas, que después supimos cuál era, se estaba incendiando. A lo lejos, se veían más focos del fuego. Por la misma pista en la que íbamos, los autos se devolvían en 180 grados. Tuvimos que darnos vuelta para entrar a la caletera. Ahí una fila interminable de autos, camiones, gente que había huido desde la costa al igual que nosotras, avanzábamos increíblemente despacio. Pasamos por Colina y Quilicura hasta que al fin entramos a la ruta camino al centro de Santiago. Miré el reloj: nos demoramos cuatro horas en llegar hasta la capital. Cuando me bajé, subí casi corriendo las escaleras con un bolso y el saco de dormir a cuestas hasta el sexto piso. Mamá salió sin pintura, con la ropa que se puso arriba del pijama. Nos abrazamos largo rato en la puerta. Nos abrazamos porque estábamos vivas y juntas. Nos abrazamos porque la torre, con escombros superficiales menos, aún estaba en pie y nosotras también.

Balance 2009


Vieja lo aprendí: los número pesan más que las palabras. Así es que a la hora de los conteos, hago un resumen estadístico del año que se está yendo, a modo de registro estimativo para programar las metas del 2010.
Recuento profesional:
1. Trabajos perdidos: 3
Me fui de Paula por varios motivos. Fue un parto doloroso y lloré una semana. También tomé demasiado pisco sour mientras meditaba mi decisión. Pero finalmente emigré, básicamente por razones de principios. Porque ya no estaba siendo feliz. Porque a la hora de los quiubos, entre plata y felicidad, opto siempre por lo segundo y hasta ahora, creo que es una de las mejoras lógicas que tengo. Las otras dos pegas perdidas son de entrevistadora de Magazine en La Nación Domingo. Cambiaron los mandos y también las órdenes. Olí a autocensura y me pidieron que me “metiera una chiva” a un entrevistado que no querían desde la gerencia del diario en sus páginas. Ahí me retiré. Pobre, pero digna. Tercera pega perdida: una entrevista medio lesa en una revista de una constructora. Querían a personajes top para hacerle preguntas indiscretas acerca de cómo habitaba los espacios de su hogar. El pudor fue más fuerte.
2. Trabajos ganados: 1 De Paula me fui a la revista Ya de El Mercurio a colaborar. Y fue uno de los grandes aciertos de este 2009. A pesar de que físicamente no voy mucho para el diario (es un pique más o menos desde donde vivo) estoy gratamente sorprendida con la gente de la revista. Toman en cuenta mis ideas, confían en mi capacidad y siempre están al agüaite para ayudarla a una en caso de incendios. Mi editora nueva, además, es un sol, aunque suene chupamedias.
3. Trabajos estables: 2
Persistí en dos frentes este año (y espero que también en el próximo): como columnista en LUN – he incursionado también como modelo senior en algunas fotos de la columna con gran éxito entre el público masculino, modestia aparte – y como profesora de Medios y Técnicas Narrativas en la Portales, algo que adoro hacer. No se me nota en clases, pero soy una profesora mamona. Y en el fondo, aunque los lesee y les exija, quiero mucho a mis alumnos. Y ando pecho paloma cuando veo que están avanzando.
4. Ingresos extra: 0
Gracias a Dios soy una mujer previsora.
5. Gastos extra: 1
Compré un nuevo notebook. El viejo tarro es muy pesado, aunque ahora lo limpiaré y se lo daré a mamá para que escriba sus historias. (Le pega, la señora)
6. Oficio nuevo: 1
Cantante aficionada de karaoke. El público me ha alentado a seguir. Os quiero, os amo, os adoro.
7. Premios obtenidos: 1
Un premio de periodismo de la PNUD y la agencia de noticias SIP. Chochera total.
Recuento en salud:
1. Recaídas patológicas: 1
Pensé que estaba curada pero no. A fines de este año, empecé de nuevo a levantarme semi dormida para comer galletas de noche. Una casi tuvo trágicas consecuencias: me resbalé en la cocina con un poco de jugo que había caido al suelo y por afirmarme en la mesa, quedé con una horrible cicatriz en el brazo. No importa: si me hubiera caido sin más, perezco sola en mi departamento. Sin pena ni gloria y en un pijama bastante poco hot.
2. Mejoras: 1
La más importante de todas. Durante el 2009, todos mis exámenes de mi calvario, salieron espectaculares. El doctor me dio el alta. Y yo me apoyo con vitaminas para el futuro.
3. Kilos de más: 5
Voy a demandar a ese gimnasio. Sigo yendo a clases de spinning. Transpiro como una yegua. Y así y todo, subí de peso. El colmo. Sospecho que el pisco sour tiene harto que ver con esto.
Recuento afectivo amoroso personal
1. Pololo con doble personalidad perdido: 1
Sin comentarios. Sólo que estoy muy agradecida de haber visto las cosas a tiempo.
2. Reencuentros del tercer tipo con el pasado: 2
3. Arrepentimientos por reencuentros del tercer tipo con el pasado: 1000
4. Ahijadas ganadas: 2
Tienen 12 y 11 años y viven en un hogar de niñas en Buin. Vinieron a pasar la navidad conmigo y me dieron los días más intensos y emocionantes de este año por lejos. Me dijeron mamá, pero seré su madrina. (A todo esto, las extraño como china)
5. Episodio de violencia intrapololear: 1
6. Cuñado misógino de nombre insólito perdido: 1
Gracias al señor y a todos los santos.
7. Jotes en su camino: varios
8. Pretendientes serios: quién sabe. No pongo las manos al fuego por nadie.
9. Citas: 2
Una, muy decepcionante. La otra, la mejor que he tenido hasta ahora. Lo pasé flor. Y lo más importante de todo: acepté salir. Porque esa es la otra: siempre ando a la defensiva y digo que no. Y esa vez, dije sí. Un avance de mi parte. Estrellita para mí. Y una suertaza del caballero en cuestión, que me pilló sin las barreras de costumbre.
10. Amigas perdidas: 2.
11. Amigas ganadas: varias. Todas gracias a la colaboración de Carlita, más conocida como semilla de maldad. Las quiero chiquillas del Harepoki. Te quiero, Ceci de Carlita.
12. Ramos de novia agarrados: 1
Saque ud sus propias conclusiones.
Adiós 2009. Bienvenido 2010.

Currículum Vitae

Hace unos años, llegó a mis manos el fantástico artículo de la talentosa periodista Andrea Lagos llamado Retrato de un Poeta Suicida sobre la vida, obra y muerte del poeta Rodrigo Lira, muerto en Navidad. Ahí hay extractos de un Curriculum Vitae que Lira escribe con humor, sensatez y honestidad brutales. Un curriculum muy poco convencional que revela la genialidad de un poeta único. Hace poco, releí el artículo y decidí aventurarme a elaborar mi propio currículum a lo Lira. Jamás para compararme con él, no le llegaría ni a los talones. Sí, para entenderme un poco más. Y esto fue lo que resultó.

Datos Personales:

Nombre: Mantengamos el misterio: la postulante tiene el nombre artístico de Pepa Valenzuela
Fecha de nacimiento: 4 de febrero de 1981
Estado Civil: Soltera (Mitad de mala suerte y mitad de maña de la postulante quien no deja de frustrarse al respecto)
Profesión: Periodista libre, libertaria, mas no libertina

Antecedentes de estudio:

a) Enseñanza universitaria: Facultad de Periodismo de la Pontificia Universidad Católica de Chile 1999-2003. A pesar de sus pocas ambiciones materiales, la postulante debe reconocer que estudió ahí no por razones políticas ni religiosas, ni siquiera por prestigio académico. Ya le había dicho su padre que ser periodista no le traería grandes dividendos no importando dónde estudiara esa “porquería”, vocablo que pronunciaba con una marcada papa en la boca para darse aires de grandeza. La postulante acabó en la Pontificia Universidad, a pesar de tener una relación absolutamente de amor-odio con un Dios que ella tutea patudamente, luego de ir personalmente la biblioteca de las dos opciones que barajaba. Después de comprobar que en la Universidad de Chile la biblioteca se caía a pedazos y no había más que un par de ejemplares de libros antiquísimos y de ver con sus propios ojos el paraíso de letras que tenía la Universidad Católica, terminó quedándose ahí. Aún sabiendo que sus compañeros serían en su gran mayoría hijos de papá, una categoría juvenil que hasta ese entonces la postulante despreciaba profundamente.

b) Enseñanza media
Saint Gabriel´s English School, 1995-1998, un colegio británico, el menos millonario de todos en Santiago donde la postulante gritó a los cuatros vientos que no quería estar hasta sus doce años. Sentía la postulante que ése no era el mundo que le correspondía, algo que podía percibir viendo a sus vecinos, todos matriculados en colegios fiscales con número. Pero ante la insistencia de su madre, una secretaria bilingüe que a las alturas de matricular a su única hija en un colegio, ya tenía noción que tendría que darle herramientas decentes para un futuro donde no contaría con su padre, un acérrimo avaro, a la postulante no le quedó otra que aguantar. Hasta que descubrió que en el mundo de adinerados también había amigos valiosísimos y se dejó de reclamar.

c) Enseñanza básica:
Saint Gabriel´s English School, 1986- 1994

Otros antedentes de estudio

a ) Idiomas:
La postulante escribe, lee y habla fluidamente el inglés –con un marcado acento británico que ella exagera para no pasar vergüenzas – pero nunca logró siquiera pronunciar el francés. Aunque la postulante entiende algo del idioma, considera que es incapaz de realizar el esfuerzo gutural que éste implica. Tampoco le importa demasiado: creyó entender hace muchos años que el castellano es el idioma más rico de todos.

Experiencia laboral

La postulante no registra antecedentes laborales en otras áreas más que el periodismo escrito, exceptuando el rol de empaquetadora de regalos navideños que desempeñó a sus 16 años exclusivamente para comprarle una vajilla nueva a su madre, a estas alturas, retirada contra su voluntad de la fuerza laboral por acercarse a la descomunal edad de cincuenta años. Sin embargo, desde los siete años la postulante no ha parado de escribir. Primero, poemas cursis pero predictivos. Luego revistas para sus cursos escolares. Después, cuentos que a decir verdad, son malísimos y la madre de la postulante guarda sagradamente para vergüenza de la hija. Hasta que el periodismo, pero principalmente un aviso del diario llamando a columnistas jóvenes a concursar para escribir un diario nacional, la salvó de la cursilería – aunque no del todo cuando la postulante se conmueve con historias humanas. Desde entonces la postulante tiene una doble vida: una de columnista donde firma como Pepa Valenzuela heroína honesta, que el 90% del tiempo fracasa en sus cometidos, sobre todo en los amorosos, y la otra de periodista seria, donde la postulante efectúa entrevistas, perfiles, reportajes y artículos que firma con su nombre real y publica donde haya un editor dispuesto y buena voluntad que aún crea en el periodismo de verdad (La postulante registra renuncias y consecuentes mermas en sus ingresos, cuando no está de acuerdo con líneas editoriales, jefes explotadores o editores con ganas gerenciales)
Hasta ahora, la postulante sólo ha tenido un trabajo fijo, como reportera y redactora en revista Fibra. Desde entonces, ha deambulado como periodista colaboradora por casi todas las revistas nacionales. Hasta ahora, la postulante trabaja desde su departamento de 37 metros cuadrados (sin terraza) desde donde escribe principalmente de día. La postulante teclea muy rápido y no para la grabadora para descasetear, generalmente se demora muchísimo en aceptar la primera línea de sus textos y cuando termina, se pregunta cómo la leerán los protagonistas de sus historias. A las ocho en punto, a la postulante se le apaga el cerebro y debe irse a dormir o a leer para no escribir estupideces. Duerme mal: a veces se levanta a mitad de la noche para comer galletas semi dormida. Y otras, tiene sueños predictivos, la mayoría de las veces con un ex novio que ella ha idealizado en su memoria, pero que en el recuento objetivo de los hechos, sólo ocasionó grandes descalabros en su vida.

Premios obtenidos

La postulante ha obtenido dos veces un premio otorgado por la Comisión Europea por defensa de derechos humanos y democracia, a sus 25 y 26 años respectivamente, cosa que en su país nunca se supo. El día que estaba recibiendo su primer premio en Bruselas, la portada de los diarios nacionales era un topless de la ex reina nacional de belleza, Cecilia Bolocco, algo que enrabió más que nada a la madre de la postulante que a ella. En Chile, la postulante sólo registra una mención honrosa por un reportaje sobre la vida íntima de los animales del zoológico de Santiago, un diploma por su hermosa caligrafía en primero básico, tres títulos de mejor compañera en el colegio y un reconocimiento a sus buenas piernas en la Universidad.

Otras actividades:
– La postulante pinta a veces, cada vez menos, cuadros excesivamente coloridos a los que últimamente les pega florecitas, botones de rosas de género, fotos antiguas y brillos.
– La postulante lee compulsivamente, sobre todo las tardes de sábado y domingo antes de quedarse dormida.
– Dos veces a la semana, la postulante acude sagradamente a un gimnasio cercano a su hogar para transpirar la gota gorda en bicicletas estáticas. Lo hace por dos razones: sacarse el estrés de encima, que en el caso de la postulante se aloja como un nudo ciego en la parte trasera del cuello y para mantenerse relativamente contorneada. La postulante es vanidosa, aunque no en exceso: ha empezado a usar productos de belleza básicamente por una columna consumista que tiene, pero aplicarse cremas y productos le da una lata espantosa. La postulante quiere envejecer con dignidad.
– Los días viernes la postulante, en pijama, realiza el aseo completo de su mini departamento. Es muy limpia y odia el desorden y la mugre.
– Últimamente, la postulante acude a un karaoke junto sus amistades a modo de terapia después de unas horrorosas decepciones amorosas que a la postulante le provocaron hasta vómitos. Ahí, despliega todo su potencial artístico y entona principalmente canciones de odio de Gloria Trevi, a quien la postulante denominó “la trovadora”, Myriam Hernández para vergüenza de sus amistades, y Paulina Rubio.
– La postulante fue bailarina de danza polinésica durante cuatro años. Ahora le encanta bailar merengue y salsa, pero exclusivamente con alguien que le dé confianza y la sepa llevar bien. La postulante es chúcara: no baila con cualquiera, menos con desconocidos producto de una patológica desconfianza en los hombres que sembraron sus dos novios anteriores. Pero cuando encuentra bailarines dotados y conocidos, la postulante se entrega al ritmo sin muchos pudores.
– La postulante imita el video La Loba de Shakira con horribles secuelas físicas.
– La postulante toma pisco sour en cantidades considerables.
– La postulante fuma como china.
– La postulante le habla a sus plantas y ve Friends los sábados por la mañana.