Gringos rosados

GRINGO

Muchos gringos rosados arriba de las reposeras. Muchos gringos redondos y rosados tostándose al sol. Allá lejos está el mar turquesa y más cerca, las piscinas gigantescas, las piñas coladas y los mojitos y los gringos rosados que invaden todo. El animador morenísimo y bronceado que es un poco más bonito que los otros mexicanos y que se pasea, arrancando de un acoso imaginario. Una pareja de japoneses mayores que fueron a ver el mar, las piscinas y decidieron sentarse a leer en sus ipads en la terraza de la pieza con vista a las palmeras con cocos (y unos bichos que parecen guarenes pero bien peinados) Un matrimonio canadiense que están muy morenos y tienen los dientes muy blancos y sus cuerpos tonificados a pesar de sus tres hijos que están congelándose en su país, cerca de unos lagos. Tres parejas de novios de Chicago que se lanzan una pelota de rugby de allá y para acá y que cada tarde ponen unos parlantes al lado de la piscina desde donde sale música country, cada canción idéntica a la otra. Una señora de grandes aros y piernas de elefante que todos los días luce un traje de baño hecho de un estampado hermoso: guindas sobre fondo calipso, negro naranja y fucsia, todo en franjas. La pareja del viejito mexicano pelado y platudo y su novia varios años menor que tiene una cinturita de avispa y unas pechugas que parecen pelotas de basquetbol y que le deben estar moliendo la espalda. La señora de 51 años con su regio brushing que se parece a Jane Fonda. El animador que viaja corriendo hasta Playa del Carmen al carnaval del pueblo donde las chicas pegan una por una las lentejuelas a sus trajes para salir a  bailar al escenario y ganar un concurso de comparsas. Los reyes y reinas, muchos reyes y reinas: de la tercera edad, de la diversidad sexual, de las capacidades especiales, de los niños, los reyes de reyes. Juntos bailan arriba del escenario y animan a los locales de Playa que en su gran mayoría trabaja en los hoteles, en los resorts, en los restaurantes turísticos, atendiendo a los gringos rosados. Los gringos rosados que se emborrachan y se andan haciendo los simpáticos porque creen que en el tercer mundo el todo incluido es literalmente todo incluido, aunque ni locos se portarían como se portan acá en sus países.  Entonces gritan, beben hasta en el transporte público y te dicen: “Hola amigou, hola amigau” sin saber que para nosotros ellos no son amigos, ni nada, solo gringos rosados cuyo comportamiento muchas veces da vergüenza ajena. Los animadores entonces bailan al borde de la piscina del resort. Aplauden. Cantan. Un día tras otro, como monitos de feria. Y los gringos rosados arriba de sus reposeras se van poniendo fucsias, morados, rojos, como plásticos fluorescentes.

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