Rosario al hacker que me vio hasta los calzones

Hace unas semanas, un hacker, un papanatas virtual, me robó por unos días mi correo electrónica. Tal fue el desajuste y mi rabia que escribí esta columna a modo de catarsis. La moraleja es: hagan lo de la seguridad de dos pasos de gmail. No se arriesguen. Y nunca depositen plata si un amigo se lo pide por el chat de su correo. Así estafan ahora. Tengan cuidado. No caigan.

 

Por Pepa Valenzuela

A ti te hablo, infeliz, degenerado, ladrón virtual sin escrúpulos. Te hablo a ti, hacker descarado que el otro día, mientras yo hacía clases y me ganaba literalmente dos porotos por enseñarles algo productivo y útil al futuro de este país, tenías las patas para entrar a mi correo y asaltar mi intimidad desde la cobardía del anonimato. Te escribo a ti, ratón internauta, al que me arruinó el día, la semana y se apropió algo tan mío como mis calzones. Porque eso siento que me hiciste al meterte a mi correo: grabarme los calzones como ese psicópata del metro que miraba a niñitas en jumper. Entrometerte en algo que no le importa a nadie más que a mí. Dejarme cuasi desnuda. Quizás a cuántas otras personas más les has hecho la misma gracia. Pero espérate nomás, con esto te funo a ti, por mí y por todos mis compañeros.

Para que sepas: mientras tú hacías la pillería de meterte a mi correo, yo trabajaba. Trabajaba honradamente y por dos chauchas con 26 chiquillos que también quieren ganarse los piticlines honestamente en el futuro. Mientras tú me cambiabas la contraseña y los datos de verificación – porque fuiste hábil, aunque preferiste usar tu habilidad en hacerle daño al resto – yo como las mensas, les leía en voz alta a mis alumnos algunos textos y sudaba la gota gorda manteniéndolos entretenidos, interesados, curiosos, para que sean un aporte a este país algún día. Un aporte por las buenas para que mientras otros como tú, más adelante los friegue de tanto en tanto por las malas. Una preciosura. Más tarde estaba esperando en la consulta del doctor, que harto me cuesta ir a ver, cuando me di cuenta de que ya no podía ingresar a mi correo. Ahí supe que alguien me había hackeado. Unas amigas me avisaron que había alguien haciéndose pasar por mí en mi correo, pidiéndoles dinero y depósitos porque supuestamente yo estaba en apuros. Nadie te creyó: la petición de mi parte era rara porque jamás pido plata (me puedo llegar a morir de vergüenza, aprende) y lo otro, es que jamás podrías imitar el modo en el que escribo. Porque mientras tú robas, yo en eso me gano la vida: escribiendo.

Tuve que salir corriendo del doctor. No pude hacer ni la mitad de las cosas que debía ese día por arreglar el entuerto en el que me metiste. Y no pude arreglarlo rápidamente, a pesar de la ayuda de varios amigos e incluso desconocidos que por las redes sociales intentaron darme una mano. Mira qué sinsentido: me arrebataste mi principal herramienta de trabajo, donde guardo mis correos importantes, mis textos, donde mantengo comunicación con mis entrevistados y mis alumnos. Me arrebataste recuerdos importantes y para nada. Porque yo quedé sin correo y tú no conseguiste que nadie te creyera el cuento del tío, por lo tanto, no recibiste un solo peso. Una tontera para alguien lo suficientemente inteligente para robar claves cibernéticamente. Por eso para mí no eres igual que el tipo que me quitó el iphone en la calle de un agarrón. Ni como el cabro chico que metió la mano en mi cartera en el centro para sacar mi billetera. Para mí eres peor. Porque si tienes la inteligencia para hacer lo que hiciste, si tienes esos recursos, podrías hacer algo útil y provechoso para ganar dinero en vez de estar burlando a los demás. Podrías ganar mucho y honestamente, usando esa capacidad. Pero lo tuyo es una maldad por opción. Una maldad burda, por lo demás. ¿Robar claves y hacer tremenda pillería para terminar haciendo el mismo cuento del tío que hacen los presos desde la cárcel? ¿En serio? Esperaba un poquito más de sofisticación de tu parte. Bueno. Me hiciste llorar, patalear, sufrir, atrasaste mi trabajo, me dejaste insomne porque lo que hiciste fue parecido a un asalto, aunque los asaltantes al menos dan la cara (o el pasamontañas).

 

Pero mientras tú quedaste con cuello, yo comprobé que en el mundo aún hay personas buenas y generosas. Varios amigos que se pasaron varias horas navegando para recuperar mi cuenta. Y hubo anónimos que de la nada, casi montaron una operación nivel Nasa para ayudarme. Mientras tú eres un pobre ladrón, yo soy una verdadera millonaria. Una que además, ahora puede decirle al resto, que pongan todas las barreras de seguridad en sus correos para que papanatas como tú no tengan ninguna opción de hacer sus cochinadas. ¿Cómo te quedó el ojo, proyecto de ser humano? (Y agradece que no te insulto más, porque soy una dama).

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3 pensamientos en “Rosario al hacker que me vio hasta los calzones

  1. Que lamentable lo sucedido. Esto mismo le ha ocurrido a una amiga mía hace un tiempo atrás, y alguno de sus amigos, aunque le pareció extraño, sí le depositó dinero. Después de toda una odisea, dejar constancia en la PDI, todo quedó ahí. Y tal como tú, concluyó que tenía muy buenos amigos. Concuerdo con tu calificativo de “proyecto de ser humano”, sin embargo, creo que aunque nos quebremos la cabeza intentando que las palabras que se les dice a estos sujetos hagan mella en su pequeño cerebro, nada que hacer. Siempre habrá quienes usan sus talentos para irse por la tangente, tomar atajos, hacerse la vida fácil y ensuciando a quien sea, hasta a su propia madre. Lamentablemente, aún la ley de delitos informáticos tiene mano blanda. Por lo tanto, no que nada mas que hacer lo mismo que con la propiedad, levantar rejas, poner alarmas, cuidar y cuidarse de toda esta lacra.

  2. Que plasta de humano. $%&/(==(/%$”!!”:::::!!!!!
    Pero me alegro que con algo tan desagradable te dieras cuenta que eres millonaria en afectos, eso es lo más importante.
    Un gran saludo desde Arabia Saudita

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