Concepto MILF

 

Por Pepa Valenzuela

Y ahora que Sigrid a sus casi cuarenta, salió reina del festival, tiene un pololo jovencito y se tiró cuasi pilucha el famoso piscinazo resurgió el concepto MILF con fuerza en las redes sociales. Yo lo había escuchado hacía mucho. Pero cuando supe qué significaba, casi me caí de espaldas. Si todavía no lo sabe, entérese: Milf es en inglés mother id like to fuck. Tradúzcalo usted al español que mi elegancia innata me impide escribir sandeces. Pero se entiende: Milf se trata de una mujer mayorcita que ha sido madre y que se conserva tan potable, atractiva, bien tenida que hasta a los hombres más jóvenes, les parece comestible. Así es la cosa: porque el piropo no habla de una mujer mayor buena moza, interesante, que se esfuerza por mantenerse bella a pesar del paso del tiempo para engalanar la humanidad y el paisaje. No. Habla de una mujer, de una madre, que todavía está deseable según el sujeto que emite el piropo quien en teoría y si tuviera la oportunidad, se la llevaría a la cama. En buen chileno: una mamá tirable. Milf es una especie de mijita rica senior. Una derivación más bruta y al hueso del Mamacita. Un piropo bien puntudo que pasa colado porque está en inglés y como buenos chilenos que nos creemos europeos (cómo se morirían de risa los europeos), eso nos parece más chic que decirlo en español. (Haga el ejercicio en castellano y califica para que la milf en cuestión, le dé una cachetada que le deje la cara giratoria).

Porque ahí está el centro del asunto: en rigor, Milf no es un piropo, así como tantos otros que recibimos las mujeres y que de halagadores no tienen nada. No lo es, aunque los que andan muy campantes diciéndolo a diestra y siniestra a actrices de cine, a Sigrid, a ciertas ex ministras, así lo crean. Primero, por la grosería explícita de su significado: no te están diciendo que eres bella, te están diciendo que eres material para la horizontalidad, que te queda cuerda sexual, como si después de ser madre, eso fuera un milagro. Segundo y lo más importante, por la idea que subyace al concepto: que la maternidad es como un atropello casi irreparable al cuerpo, la sensualidad, belleza de una mujer (Y claro, una mujer es sólo eso en la cabecita de quienes usan el concepto Milf y otros). Eso dice el concepto: que las que se salvan de ese huracán de dar a luz, amamantar, criar, envejecer, conservando sus formas y gracias de lola, son las Milf. Las sobrevivientes. Las que a pesar de todo, de los hijos, los partos, los años, las estrías, la subida de peso, las canas, el revoltijo hormonal, siguen siendo un deleite para el paladar ajeno. Las que continúan siendo “mujeres”, como si eso fuera exclusivamente sinónimo de un tipo de belleza, el de la ricura extrema.

En un mundo donde hay más demanda por hacerse cirugías estéticas que por entrenarse para aceptar y disfrutar del paso del tiempo, donde una niñita que baila en la tele con poca ropa gana más que una secretaria y otras profesionales, donde la competencia por ser más delgada es mucho más ardua que la competencia por volverse una mejor persona, obviamente no extraña que Milf sea considerado un piropo. Y que hasta existan mujeres, con el cuerpo impecable, pero la autoestima por el piso, que se sientan honradas de serlo y que se los digan. Sólo quería decir al respecto, algunas precisiones: que la maternidad no es una hecatombe en la vida de una mujer, sino un paso natural y hermoso en el que el cuerpo muta para hacer algo mucho más bello que conservar calugas en la guata. Que las madres, todas, siguen siendo mujeres. Por lo tanto, continúan siendo bellas, deseables, bonitas, femeninas y sexuadas. Solo faltan ojos mejor preparados, más amorosos y menos trogloditas para ver y valorar esa belleza. Que hay misiones mucho más provechosas e importantes en la vida de las mujeres que pelear contra la naturaleza hasta con bisturí para mantenerse como lo que ya no son: cabritas de 15. Que a nadie le interesa saber qué considera “tirable” un cavernícola porque lo sabemos: el cavernícola se tirará cualquier cosa que se mueva. Al menos podría tener el respeto de mantener su cavernícola boquita cerrada. Y que para evaluar si algo es halagador o una falta de respeto, basta con hacer un ejercicio: preguntarles a los hijos de esas Milf si les parece bonito que sus madres sean etiquetadas como tales. Me tinca que ahí, habría varios combos de vuelta.