Lanzamiento Un Lugar en la Tierra, Viaje desde el Maltrato Emocional

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El lanzamiento del libro fue hace pocos días. Fue el 18 de julio de 2013, en el Café Observatorio de Lastarria. Y fue hermoso, también muy emocionante. Tal y como lo había soñado durante toda esta larga gestación que duró un año siete meses. Un año de escritura y siete meses de edición y espera. Y fue así, hermoso y emocionante, por muchas cosas. Porque estuvieron ahí mis afectos importantes, quienes me acompañaron en este trayecto, quienes me acogieron, aconsejaron, compartieron sus historias conmigo y en el libro, a quienes quiero profundamente. Mis amigos queridos, mis alumnos, mi familia hermosa – hermano, cuñada y cinco sobrinos bellos – mis compañeros de trabajo, gente que me apoyó con  una generosidad que es difícil ver por estos días, personas que me dieron el amor y el aliento para poner este libro – tan íntimo, tan intenso, tan doloroso, tan honesto, tan feliz a la vez – en el mundo. Pero también fue hermoso y emocionante porque el lanzamiento fue el resultado de una cadena gigantesca de amor del bueno. De eso  quiero contarles a todos y a mis lectores: cómo se gestó quizás uno de los momentos más importantes e inolvidables de mi vida.

Fue así: quise organizar el lanzamiento por las mías. Porque el libro era tan íntimo, tan mío, que quería sacarlo a la vida en un evento que me hiciera sentido, con mis personas cercanas y queridas, en una celebración que le hiciera honor a este viaje que me cambió la vida por completo. Entonces comenzó mi búsqueda primero por conseguir auspicios. Pensando que mi contacto con marcas de belleza por mi columna compradora compulsiva, me facilitaría las cosas, me lancé a hacer algo que nunca en 12 años de carrera había hecho: pedir apoyo. Sin embargo, no fue fácil. Muchas marcas no querían asociarse al tema del maltrato. No querían relacionarse con el dolor, como si el dolor no fuera parte de la vida, ni el motor también de la felicidad. Pero después de mucho deambular, di con dos patrocinadores fantásticos y generosos: Lush Chile (www.lush.cl) y Preunic (www.preunic.cl) . Ambos con la misma convicción: las mujeres somos más que un envase. La belleza de una mujer viene desde dentro hacia afuera. Las mujeres somos también una historia. Y este libro podría ayudar al corazón de muchas mujeres, algo que este testimonio a sus tres semanas de vida, ya está haciendo como me escriben mis lectoras cada día. Después de eso, dimos con el Café el Observatorio que nos facilitó mucho la vida: nos ayudó a distribuir el apoyo, a tener un buen cóctel, audio, pantalla de proyección para un vídeo que quería preparar. Pero no tenía cómo hacerlo: con la tecnología yo soy bien nula. Pero entonces sucedió una de muchas casualidades mágicas que vinieron después: me encontré en la calle con mi buen amigo Víctor, a quien no veía hace un tiempo. Víctor, que es publicista y un capo de lo audiovisual, me dijo: “Yo te hago ese video, Pepa”. Nos juntamos dos veces. Le pasé textos y fotos. Y él me armó un video que aún no puedo dejar de mirar sin llorar de emoción. Otro día, sin tener a un coordinador para el día D, me encuentro en un momento bastante especial con mi querida amiga Romyna, movida como pocas, una capa administradora pública. “Yo lo organizo, gordita. De veras”. Entonces el evento quedó en manos de una ejecutiva como pocas que hizo que todo saliera de manera impecable. Otro día, cuando aún me faltaba un auspicio, desmotivada y triste, lo compartí en Facebook. Pasó que una decena de amigos, ex alumnos, compañeros que no veo hace años, incluso desde el extranjero, me escribieron para saber cómo me podían ayudar. Gracias Gonzalo, Bárbara, Flavia, Bruffinelli, gracias a todos uds dispuestos a tenderme la mano. Otro día: me llamó mi querida amiga y compañera de la U, Andrea quien tiene junto con su marido, chef francés una pastelería exquisita, Delice. (www.delice.cl) . Aparte de informarme que iba a ser tía, una alegría que ya me removió el piso, me dijo: “Te vamos a llevar cupcakes para tu evento, amiga. Unas torres de cupcakes para tu día”. Los cupcakes arrasaron. Al final del lanzamiento, con suerte pude rescatar unos tres. Y me los comí al hilo. Ustedes preparan adicciones dulces, chiquillos, se pasaron. La chicas de la editorial El Mercurio Aguilar, Consuelo y Bárbara, se movieron con todo para conseguir vino y champán y copas. Y mientras estaban en eso, pensamos que no tendría quién los descorchara ni sirviera el día D. Primero una lectora, la querida Jo, me dijo que ella y sus amigas me ayudaban, así de la nada. Después, mis alumnos se ofrecieron cuando les conté lo que sucedía. “Profe, nosotros no sabemos descorchar, sólo la Isa que fue mesera, pero ella los descorcha y nosotros servimos. Además, podemos practicar”. Días más tarde uno de ellos me mandó una foto por tuiter de un descorchador con la leyenda: “Profe, estoy ensayando”. Así son mi alumnos de generosos y dulces. Pasó también que yo quería que mi Ale querida cantara. Porque tiene una voz privilegiada, porque sale en el libro, porque la quiero tantísimo. Le pedí la canción Mariposas de Magdalena Matthei que aparece en el libro, que habla de que te tienen que cuidar como a una Mariposa. Hasta el final no me contó la sorpresita que me tenía: no sólo cantaría Mariposas, una canción que no se sabía, sino que además se consiguió a Luciano, uno de los guitarristas de Magdalena para el día D. Y la canción, finalmente, nos paró los pelos a los casi 100 asistentes este jueves. Pocos días antes de la fecha, pasé por la tienda Karmyka en Merced 336. Los chicos me conocen porque de repente les publico sus prendas para el diario. Les conté que andaba buscando una chaquetita o collar, algo, para mi lanzamiento. Me hicieron probarme toda la tienda. Me atendieron como una diva. Al final todos estuvieron de acuerdo que una chaqueta arruinaría el vestido y me regalaron, porque no me dejaron pagar, un collar precioso y varias pulseras doradas. Y casi al final, cerquita del día, me reencontré con la querida y seca Marcela Rivera alias Miss Marcy, maquilladora y experta en estilo (www.missmarcy.cl) . Resumen: me maquilló ella y en la peluquería de su madre, Mao Belleza (Noruega 6339, Las Condes) me hicieron la manicure, me peinaron y me dejaron como una barbie tamaño real. Y mi entrañable amigo Alvarito, fotógrafo como pocos, anduvo todo el evento tomando fotos para dármelas de registro, al final puro trabajó. Gracias Alvarito. Así fue todo y sin buscarlo, excepto el tema de los apoyos para el lugar y el cóctel. Así fue: una cadena de amor desinteresado, una avalancha de buenas intenciones con un mensaje para mí, tremendamente emotivo: mucha gente que me quiere y quiso hacérmelo saber en este momento tan especial. Sólo tengo para darles las gracias infinitas.

También a mi amiga Carola, que como crítica literaria y escritora, me guió para organizar bien las cosas y me dio excelentes  datos. A Lyuba, colega, escritora de tomo y lomo, que me leyó el libro, me dio sus consejos y su opinión experta antes de. A Claudia Aldana, periodista y escritora también que no sólo me presentó el libro con su espontaneidad y humor exquisito, con un cariño enorme, sino que también, generosamente me alentó y guió para hacer este lanzamiento como lo soñaba. Y a la antropóloga y experta en temas de género de la U. de Chile, Sonia Montecino que apenas le pedí que presentara mi libro dijo sí. No pudo estar el día D por una obligación en la Universidad de última hora. Sin embargo, envió un texto profundo, hermoso, sentido y a la antropóloga Alejandra Cornejo para que lo leyera. Y claro, Consuelo y Bárbara de El Mercurio Aguilar que me tuvieron una paciencia infinita, consiguieron una delicia de vino y champán para el evento y tenían todo listo con Romyna este jueves 18. Gracias totales a todas ustedes también.

Gracias a todos los que han leído. Y me han enviado su cariño, apoyo, correos compartiendo historias. Como lo dije ese día: este libro parte desde el maltrato, pero habla del amor. De cuidarse y quererse. De aprender a ser feliz con los ojos abiertos. Y saber que ese mensaje está llegando a ustedes, me hace sentir que todo, todo el viaje, todo el proceso, todo, ha valido la pena. Gracias de nuevo. No puedo más de amor.

Acá abajo, les dejo el texto de Sonia Montecino acerca del libro. Algo que vale la pena leer.

“…las víctimas ya no lo son de un agresor concreto, con nombres y apellidos, sino de la violencia doméstica o de los malos tratos, de forma genérica, con lo que las acciones repudiables quedan descabezadas de responsables directos. Por otro lado, las mujeres agredidas en su hogar se acaban convirtiendo, con más facilidad que otras víctimas, en simples datos estadísticos, de los que se nutren los discursos mediáticos para afirmar su propia credibilidad y explotar la dimensión de lo hipérbolico que ofrece lo abultado de las cifras. Con ello se pierde de vista que los números no son personas” (Natalia Fernández: 77, 2013 en Cuando el feminismo dijo sí al poder” Ediciones Radio Universidad de Chile.)

 

El valor de este libro que hoy presentamos radica precisamente en su carácter autobiográfico, en desbordar la cifra de los maltratos y situarse en la persona, en la mujer concreta que ha vivido, reflexionado, sufrido y superado la experiencia de haber sido víctima de vejaciones. Constituye, de ese modo, una importante contribución al conocimiento de los mecanismos y resortes internos, psicológicos y vivenciales con que se enfrentan situaciones de violencia en la pareja contemporánea. Desde el punto de vista de la antropología, un caso tratado profundamente da cuenta de las expresiones de una sociedad, no desde una representatividad estadística sino cualitativa, y en este sentido Pepa Valenzuela nos prodiga una mirada particular a un fenómeno social que se afinca en relaciones y construcciones de género que hacen posible la violencia simbólica, psíquica y física contra las mujeres. Desde esa perspectiva es que leo este testimonio -en el profundo sentido del término, que alude a alguien que “testifica”, que da fe de algo que ha vivido y conoce directamente- que bien se podría instalar como género referencial (en la definición de Leonidas Morales), pero sobre todo como una forma de expresión femenina que se afinca en el relato biográfico en el cual vida y escritura van de la mano. Tenemos también que agregar a esta primera mirada al texto –es decir a su estructura-, la escritura periodística que sin duda define el estilo y la sintaxis del libro, en tanto oficio de la autora y por ello, en tanto marca de una manera de decir el mundo.

Los testimonios de mujeres tuvieron un auge en la década de los 80 del siglo pasado, cuando la realidad femenina estaba denunciándose y los movimientos feministas en América Latina anhelaban dar voz a las sin voz, es decir a todas aquellas que vivían en la marginalidad étnica, campesina, a las pobres de las ciudades, a las víctimas de la violencia masculina pública (la violencia del Estado, de las pandillas, de las maras) y privada. Este viaje que nos propone Pepa Valenzuela, no se instala en esa tradición, pero es heredera de ella. La gran diferencia es que esos testimonios generalmente eran realizados y escritos por “otras”, académicas, escritoras o activistas, pues muchas veces las mujeres que testimoniaban no eran letradas. En este caso, estamos frente a una mujer que pertenece a las elites ilustradas, que no es marginal y que posee voz propia a través de la expresión escrita. Por ello podríamos entonces definir su libro como autobiográfico, aunque tampoco se ajusta completamente a ese género, en la medida que no es un ciclo vital el que se relata, sino una experiencia concreta de vida en un período particular. Es por ello que sitúo Un Lugar en la Tierra como un testimonio femenino escritural que se propone como un ejemplo valiente de denuncia, no sólo de la violencia en la pareja, sino de determinadas concepciones de género.

Ya las primeras imágenes de este libro nos plantean las ideologías de género que legitiman y construyen a la víctima de la violencia: “Vas a perder más o menos. Si no me aguantas esto, mi único defecto, que es un poquito de maña, te vas a quedar sola. En esto consiste estar en pareja; en ceder y aguantar. Si no estás dispuesta a ceder te vas a convertir en la vieja de los chales y los gatos. ¿Quieres ser como tu mamá? ¿Quieres quedarte sola para toda la vida?” (23).

Los núcleos desde los cuales se configura el discurso machista y neo-machista son en primer lugar la amenaza: a la soledad, a la vejez de las mujeres; en segundo lugar, los preceptos de las relaciones de género: el hombre puede ser “mañoso” y la mujer debe ser sumisa (ceder y aguantar). Las oposiciones hombre activo/mujer pasiva; así como vivir en soledad/vivir en pareja son el lenguaje que articula y legitima conductas de maltrato y que ayudan a que las mujeres se conviertan en víctimas de la agresión. Por otro lado las alusiones a la madre, gatillan la tensión intergeneracional y el dilema de toda hija ¿me transformaré en mi madre?¿Seré su espejo?

Es evidente, a lo largo de todo el libro, que los mandatos contemporáneos de ser una mujer “realizada” en lo profesional y en lo familiar son el leit motiv de la aceptación del maltrato. Una mujer no está “completa” sin un hombre al lado, aunque ese hombre menoscabe la dignidad personal. Ser sola –es decir sin un masculino-significa ser una fracasada y confronta a una realidad peor: ser una “vieja sola”. He aquí el fantasma que levanta el discurso neo-machista: tú vales en tanto cuerpo joven que soporta mi voluntad, y pierdes si no aceptas esa condición al convertirte en una “vieja”, es decir en un cuerpo no deseable y además “abandonado”. Las ecuaciones son casi risibles a la luz de todo el trabajo del feminismo en su lucha por la valoración de las mujeres como sujetos, como humanas con una voluntad de destino y con capacidad de agencia, es decir con disposición a cambiar, pero sobre todo de construirse en el mundo desde las certezas del valor de su subjetividad y de su plenitud social y psíquica. El testimonio de Pepa Valenzuela nos muestra cómo en una sociedad como la chilena, que se postula moderna, feliz y en permanente crecimiento económico, hay segmentos sociales (quizás los con mayor poder adquisitivo y que gozan de las materialidades del modelo económico) que permanecen en una suerte de “oscurantismo” y conservadurismo respecto a las relaciones de género, concibiendo a las mujeres como simples objetos dentro del mercado sexual y amoroso. Pero, nos re-envía también a las maneras en que se ejerce el poder y a los horizontes del éxito personal que entraban las relaciones amorosas plenas. Me refiero a la permanente búsqueda de las mujeres profesionales de no sucumbir ante el poder masculino, de buscar estrategias para lograr un equilibrio de pareja donde amor, libertad y valoración del otro funcionen armónicamente. La experiencia de la autora y de las otras mujeres que la rodean dan cuenta, en este libro, de ese conflictivo acontecer y de esa lucha por alcanzar simetría y consonancia afectiva.

Un Lugar en la Tierra pone de manifiesto que el antiguo imaginario del activo príncipe azul que rescataba a la pasiva doncella se ha trocado en una doncella activa y en un príncipe violento; esa ruptura del viejo orden de género queda nítidamente expuesto toda vez que la protagonista es capaz de superar el círculo de la crueldad y movilizarse, elaborar sus emociones, salir de la culpa y la victimización para sanar y sanarse de un laberinto donde la historia personal y la historia social de las mujeres se debate. Por fortuna, se trata de una mujer cuyo capital social y cultural hace posible que el tránsito por el laberinto sea guiado por un hilo tan fuerte como el de Ariadna y vencer la violencia masculina y la tentación de caer en ella como único modo de mantener una pareja. Redes de amigos y amigas, terapias y su particular profesión hacen posible que Pepa Valenzuela, autora y personaje de su propia vida venza al temido hombre-Minotauro y emerja de la maraña en que un día se encontró “…encerrada en el baño, sentada sobre la tapa del inodoro, con los ojos cerrados y las manos en los oídos”(15). Cuando dice “No me lo merezco” pronuncia el primer sentido que tendrá el hilo que la conducirá hacia la liberación de una relación opresiva, y al mismo tiempo señala el inicio de una actitud reflexiva sobre su condición de género: colocar su valor personal en igualdad con el de su pareja. Luego vendrá el “¿Qué quiero para mi vida? como una interrogante que muestra la conciencia de que todo está en permanente construcción, que nada está dado, que la propia identidad se arma con deseo y voluntad de superar los mandatos de género del grupo al que se pertenece, y al mismo tiempo superar los traumas familiares que modelan conductas y anhelos.

El mérito de este libro es contarnos, testimoniar, el viaje de una mujer que devela las intrincadas fases de la violencia doméstica y de su superación vía el trabajo personal y la lucha contra imaginarios de género que se contradicen y son discordantes. Por un lado, las normativas impuestas a un “ser femenino” que ya dejó de ser pasividad, subordinación y mansedumbre; y al mismo tiempo los deseos de cumplir con los órdenes de la familia, la pareja, el éxito. Las contradicciones emergen toda vez que se trata de una mujer autónoma, autosuficiente económicamente, “globalizada”, con infinidad de recursos simbólicos que se ve jalonada y atraída por las atávicas fuerzas de una masculinidad perversamente escenificada en un hombre maltratador. Los viajes y la escritura son una parte de la superación de ese otro viaje, el íntimo: “Por esos días anoto en mi libreta: “Formas de habitar Chile: 1. Puertas adentro. 2. Viajando mucho. 3. Viviendo en el extranjero” (202). Tal vez aquí haya una clave: una cierta mirada crítica a la sociedad chilena que solo se hace soportable viviendo hacia el interior y saliendo al exterior, más allá de las fronteras geográficas.

El testimonio de Pepa Valenzuela como muchos relatos mágicos –de esos antiguos de príncipes y princesas- tiene un final feliz, y sin duda hay que agradecer su salida del laberinto y su entereza en relatarlo, porque aún cuando ella lo ha hecho, muchas otras mujeres sin la fuerza, pero más claramente sin el capital social necesario para tenerla, han sucumbido y se han perdido emocional y físicamente en las estadísticas del maltrato, pero también una gran mayoría han sido asesinadas por sus esposos o parejas. La violencia contra las mujeres porta un mensaje y un lenguaje que hay que saber descifrar, un aviso que se posa en los modos en que se conciben y tejen hoy las relaciones entre hombres y mujeres, relaciones que son sociales, personales, subjetivas y amorosas y que están teñidas de las formas en que se distribuye el poder en la cultura. Un lugar en la tierra, constituye un excelente punto de partida para reflexionar sobre las maneras en que la experiencia de maltrato de una mujer puede darnos luces de alerta sobre ese lenguaje y sobre las formas de salvar socialmente  a aquellas que por la violencia doméstica son despojadas de su dignidad personal, ahora dentro de un contexto de precariedad material. Este libro es un aporte al conocimiento del laberinto y una invitación a pensar en las distintas aristas y expresiones que trae consigo el cambio en las construcciones de lo femenino, hoy activo y desafiante a la pregunta por la identidad y la felicidad. 

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3 pensamientos en “Lanzamiento Un Lugar en la Tierra, Viaje desde el Maltrato Emocional

  1. Pepa,,,aún no puedo leer tu libro pero apenas me paguen corro a adquirirlo,,,por lo que pasate yo tambien lo pase,,,,aun estoy tratando de recuperarme a diferencia tuya , yo tengo una hija de por medio ,,,pero dije basta de esto a tiempo de perderme…

    • linda, yo aprendí una cosa con todo esto: la única forma de perderse es abandonarse a sí misma. Y no salir a tiempo. Ya no te perdiste y de a poco, todo va a salir bien para ti y tu hija. Un abrazo de mucho ánimo

  2. Pepa Querida el libro llego a mis vida en el momento oportuno ya lo he leido y me siento muy feliz por ti por tu vida por tu amor. Lo guardare en mi casa como una flor mas del jardin de libros q me han ayudado en este camino. abrazos afectuosos

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