Las conspiradoras

Esto apareció hace unas semanas en revista Mia de Lun.
Una columnita llamando a la solidaridad gremial.
Por Pepa Valenzuela

Cada vez que hablábamos de pololos, proyectos de pololos, peores son nada y ex varios, una amiga terminaba diciendo con voz de tráiler hollywoodense: “Y mañana no se pierda un nuevo capítulo de la teleserie del momento: Gil de Cuna”. Entonces nosotras nos reíamos a carcajadas, aunque fuera un chiste cruel. Sí, era harto cruel. Porque como nos habíamos dado cuenta hacía poco tiempo las protagonistas de la teleserie del momento, Gil de Cuna, éramos nosotras mismas. No importando cuán vivas nos creyéramos, a todas alguna vez nos habían hecho huevo de pato. Es decir, nos habían mentido, dejado sin explicaciones, utilizado para fines insospechados o vendido la pomada. Todas, llegando casi a los treinta años, acumulábamos una mochilita no menores de esas experiencias. Y claro, cuando empezamos a hablar de ellas, nos causó gracia. Pero después, nos dimos cuenta de que no era nada divertido. Más aún, que gran parte de la culpa de que nos hubiesen pasado todas esas leseras era de nosotras mismas. Era una culpa gremial. Una culpa de género. Analizando cada gol que nos habían pasado, llegamos a la alarmante conclusión de que la mayoría se podría haber evitado si alguna de nosotras hubiera abierto su boquita y nos hubiera advertido del peligro. Que nos habríamos ahorrado tremendos porrazos si hubiéramos tenido mejor comunicación y mayor lealtad de género. Peor conclusión aún: las mujeres éramos muy poco solidarias entre nosotras. No porque no nos quisiéramos, sino todo lo contrario. Si no éramos más solidarias era porque queríamos mucho. Principalmente a nuestras piernas peludas. Por lo tanto nuestra primera lealtad estaba con ellos. Por eso, nos callábamos cosas que sabíamos a través de ellos y además, les contábamos todo. Todo, todito, como loros, algo que ellos nunca hacen. Lección para aprender de ellos: los hombres nunca delatan a sus compañeros con nadie.
Cuando descubrimos eso, las protagonistas de Gil de Cuna nos quedamos pensando. Y poco a poco fuimos cambiando algunas cositas. De partida, empezamos a juntarnos más entre puras mujeres para conversar más. Y al tiempo, sin preparaciones ni conscientemente, empezamos a conspirar. No como mafiosas, que se entienda bien. Tampoco la idea era convertirnos en lo mismo que despreciábamos. Empezamos a conspirar para fines positivos. Para alegrarnos la vida haciendo alguna cosa entretenida cuando alguna de nosotras estaba bajoneada. A planear cómo podíamos sacar adelante a otra que de repente se venía abajo cuando de la noche a la mañana quedaba sin trabajo o soltera sin mayores explicaciones. Propusimos métodos de acción para saber verdades que nos intrigaban para no quedarnos con esas dudas que matan. Las comprometidas empezaron a ayudar a las solteras presentando algunos especímenes disponibles. Las solteras les enseñamos a las comprometidas a darse tiempo para ellas mismas y les subimos autoestimas que después de años de convivencia, habían desaparecido. Acordamos tácticas comunicacionales para no ser nosotras las intrigadas, sino que ellos vía Facebook, twitter y otros. Ayudamos a algunas chiquillas a liberarse de pestes que las tenían ciegas e incluso funamos, claro que con muchísima elegancia, a vacunas que habían causado desastres espantosos entre alguna de nosotras. Sin planearlo demasiado, establecimos nuestro propio código de honor. Nuestro equipo de simuladoras para protegernos y ayudarnos a ser felices. Algo que sin llegar a la desconfianza extrema ni a la maldad gratuita, cualquier grupo de chicas debiera establecer como medida urgente para no andar tan de gil de cuna – léase desprevenida y por lo tanto más susceptible a ser embarrada – por la vida. Algo que se logra con un poquito más de solidaridad gremial y conspiración entre amigas de las buenas.

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7 pensamientos en “Las conspiradoras

  1. Las mujeres tienen en gen pesimo entre ellas, el de la poca lealtad de genero. Es super comun amigas que se “agarran” al pololo de su mejor amiga, o se pelan, ah pero la mas tipica de todas, las minas que se tenian mala y despues fueron mejores amigas, jaja un clasico. Entonces eso te demuestra el cambio de chaqueta.

    Yo me cuido, porque ustedes son peligrosas, asi como trabajan siempre en base a sentimientos, los pueden manejar de manera mas facil, se pueden sobreponer mas rapido a un quiebre…en cambio nosotros quedamos asi como “que es este frio que siento en el medio, cague!” , nos dura mas, en realidad sufrimos mas…asi que paren de victimizarse, a las mujeres les gustan los chicos malo, pero sepan que hasta los pendejos cuando van a Mcdonalds saben que les saldra en la cajita feliz…un juguete chino pintado con plomo de la ultima pelicula taquillera sin sentido (la analogia es que a uds “un wn de mierda”)….. Cuando se meten con un tipo rudo, eh no, la isea es otra…aunque pensandolo mejor, somos todos los hombres una mierda, pero cuando ustedes se enamoran de nosotros. FIN.

  2. Querida Pepa

    Es cierto… lo miro desde mi vereda con epidídimo, pero concuerdo con Ud. en algo… y rectifico un poco mis palabras al decir que hay tantos machos alfa dando vuelta… la verdad es que los de verdad son pocos, y ahi está la gracia de las féminas, encontrar el adecuado…

    Lamentablemente no está en mis planes ni próximos ni futuros ponerme pechugas, así que creo que tendrémos que seguir mirando desde veredas contrarias.

    Mucha suerte y siga buscando su macho alfa… no el principe azúl… el macho alfa de verdad.

    Un abrazo

    P.D.: De verdad, no crea que me siento tan macho alfa… con cuea me alcanza solo para lambda-lambda, jajaja

  3. Mi querido amigo Borrego, siempre defendiendo al macho. Me queda claro que ud es de los chicos buenos hace años ya. Pero entienda: primero, las que eligen sacos de huevas como ud les llama, son las cabras chicas inexpertas o las tontas de remate. Este y de mis amigas, no es el caso. Y segundo, si usted tuviera un par de pechugas, entendería que los cientos, millones de machos alfa macanudos que ud cree que existen por acá, no son tantos. Son bien escasos, le diré. Pero eso ud no tiene cómo saberlo siendo hombre. Porque es probable que nunca sea abordado por hombres héterosexuales. Querido amigo: le felicito si ud es un machote alfa de buen corazon. Debiera dictar talleres a otros. Pero de verdad le digo: las cosas no son cómo ud las ve desde su vereda masculina. Tendría que estar en esta vereda de la feria libre para entender de qué hablamos las mujeres un poquito más grandes que hace años, siglos, dejamos de encantarnos con el vacuna que se hace el difícil.
    Cariños
    P

  4. ya… sabis que?… me aburrí… me aburrí de los lloriqueos de Ud. y sus compinches… les voy a enrostrar la verdad… la neta camioneta (léase en mexicano) aunque me gane su feminista odio.

    La siguiente teoría tiene bases científicas, basadas en la observación y experimentación, catalizada por muchas sesiones de Vodkas tónicas y fermentados lupulientos varios.

    Las minas siempre, pero siempre, estando dentro de una manada se van a fijar en el mas saco de weas del grupo, porque a ellas les encantan los chicos malos, esos que son cancheros y que se pasan por la raja todo, en la cabecita femenina, estas actitudes lo marcan como macho alfa, pero en realidad no salvan a nadie, pero no hay como hacerles entender a las féminas, a ellas les encanta ese perfil del chico malo, y siempre van a pensar mas con la progesterona que con las neuronas. Mientras tanto, los hombres que tenemos un poquito mas de cerebro miramos la escena cagados de la risa… experiencia propia, varias se dieron cuenta años después.

    Luego, después de que la hembra despliega su ataque de feromonas para atraer al supuesto macho dominante, ella piensa que está arriba de las nubes y de la mano de su principe azúl, todo esto alimentado por esos cuentos weones de disney con la princesa y el carruaje… por enésima vez: ESO NO EXISTE!!!!

    Finalmente, un buen tiempo después de la conquista, cuando la femina se da cuenta de que en realidad eligió a un saco de weas, se pone a llorar y despotrica a los 4 vientos de que los hombres son todos iguales y que otra vez lo mismo y que por qué a mi y todo lo que acostumbramos a escuchar… pero péguense el alcachofazo, la culpa no es de los hombres, es de uds. mismas que se ponen a elejir weones tontos, habiendo tanto macho alfa de verdad dando vueltas en la ionósfera.

    No se engañen, el problema no es del chancho, si no del que le da el afrecho

    Saludos

    P.D.: No quise generalizar, siempre habrá alguna honrosa excepción, según la experiencia, la proporción debería ser 1:100000000

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