Apuntes sobre el territorio amoroso (parte II)

Por estos días, he estado escribiendo muchísimo. Y saliendo muchísimo también. La vida es muy sabia: Primero, devela y saca máscaras, después saca de una patada a la gente que no nos sirve (y que en algunos casos, no le sirven a nadie), y luego, nos pone a gente que sí tiene que ver con nosotros y tiene algo que decirnos y nos enriela de nuevo en el camino que estábamos recorriendo. Entonces ahí una se acuerda para dónde iba su micro y empieza a hacer todo lo que quería hacer y a estar exclusivamente con quienes quiere estar. Entre esas cosas, recordé mis apuntes sobre el territorio amoroso, que cada tanto voy ampliando con otras ideas sueltas que tengo. Los pensamientos nuevos, los publico acá para asentir o disentir. Como ya saben, son opiniones personales, bañadas de sarcasmo, amargura, ironía y otras, de pura verdad según yo. Nada que vaya a ser decreto ley próximamente, pero sí algunas cosas que honestamente creo que pueden resultar bastante ciertas.

Aquí les va. Pronto, algún adelanto de un libro que estoy escribiendo. Y de una maravillosa e insólita entrevista que le hice a Florcita Motuda llamada Los Preparativos funerarios de Florcita Motuda.

1. Suena obvio, pero no lo es: el amor hace bien. Lo que causa sufrimiento, daño, llanto y angustia corresponde a una ilusión óptica del amor, provocada por alguna patología que hay que tratarse con especialistas.
2. El amor es un trabajo y un juego. Hay que trabajar y jugársela por lo que uno quiere. Pero hasta cierto punto: si el movimiento no desata movimiento, si las cosas igual se atascan, hay que entender y aceptar que el destino también ocupa el estancamiento como una señal para mostrar un objetivo equivocado.
3. Durante el tiempo del duelo, un hombre abandonado o pateado representa un peligro público para la humanidad con faldas. Porque durante ese periodo, el hombre dolido generalmente entra en un ciclo inconsciente de desquite con el mundo en el que se convierte en una máquina de hacer pebre a otras. El objetivo del hombre dolido en duelo es recomponer el ego herido demostrando que se la puede y sanarse a través de una autodestrucción que incluye carrete, trago a destajo y mujeres tratadas como muñecas inflables. Por lo tanto, hay que tener cuidado con él y permanecer lejos de su guerra personal si una no quiere salir damnificada de yapa. Y no culparlos demasiado: el desquite masculino es un proceso inconsciente y siempre movido por la nula tolerancia al dolor masculina.
4. El diálogo es adulto y todo es conversable, hasta las barbaridades más tremendas. Lo único que hay que evaluar a la hora de conversar es si los dos hablantes son lo suficientemente adultos para tratar y entender el tema por completo. Si uno de ellos no lo es y el otro quiere decirle algo, no pierda su tiempo, es en vano: la existencia del mensaje sólo tiene sentido cuando hay un receptor capacitado para decodificarlo correctamente.
5. Lo peligroso no es no coincidir en los afectos ni en los tiempos. Lo peligroso es no hablar de las expectativas propias y ajenas a tiempo y con honestidad.
6. El sexo está sobrevalorado. Sobre todo tratándose del sexo a la chilena.
7. Cuando una mujer habla o quiere hablar, queda como loca, emocional, enrollada, cuática y obsesiva. Cuando un hombre habla o quiere hablar, queda como un tipo con los pantalones bien puestos y muy seguro de sí mismo.
8. No hay nada más tajante y definitivo que una mujer desencantada.
9. Muchas amantes ven en el matrimonio una garantía más que un ritual con el que estén de acuerdo. Se equivocan: nada ni nadie es garantía de nada en esta vida llena de sorpresas y en permanente cambio.
10. El que espía, siempre encuentra.
11. La desaparición sin explicaciones no sólo es un acto canalla y cobarde, sino que también la evidencia que la persona en cuestión es un niño que todavía está jugando a las escondidas.
12. Si usted adoptó un amante y lo crió como a un hijo más, no le pida después a ese hombre adoptado que la cuide y la proteja como un hombre grande.
13. Cansado del carrete, el vacío y el daño de otras, el hombre arrepentido siempre regresa en búsqueda de la mujer buena que alguna vez lo quiso y lo trató bien. Lo que la mujer buena debe saber es que el hombre arrepentido no la busca porque de pronto sufrió la iluminación del amor, sino que la sigue para encontrar un regazo seguro y dulce en el cual descansar y además, para comprobar que ella sigue ahí. Lo que el hombre arrepentido en este caso debe saber es que la mujer buena, por buena que sea, no es una calle que permanezca siempre en el mismo sitio. Y que por buena que sea, eso tampoco significa que la mujer buena sea huevona.
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JUANITO

Por Pepa Valenzuela

Juanito tiene los ojos verdes, la cara bronceada y llena de surcos, las manos más secas que he visto en mi vida y usa sólo camisas escocesas, como el amigo de Heidi. Se agacha por debajo de la puerta de su quiosco que está a medio morir saltando y me devuelve el hola. Entonces con la mano, le hago para que se corra un poco más allá. Y Juanito, obediente, se sienta al fondo de su quiosco, al borde de la banca celeste de madera en la que ha pasado la mayor parte de su vida sentado para educar a sus hijos, esos cabros que ahora son tremendos hombres, y me hace un huequito. Entonces entro agachada con mis bolsas de supermercado y un par de tomates y porotos que compré para el almuerzo. Me siento en un pedacito de su banca y los dos encendemos unos petardos, los cigarros que Juanito fuma como carretonero. Entonces viene una vieja y pide Las Ultimas. Y un viejo con cara de caliente que pide mentitas para el aliento. Una mamá enfermera con sus dos niñitas pokemonas que quieren unas Kem Piña. Y ahí yo atino a entregar diarios, dar un par de vueltos y seguir fumando al lado de Juanito, que dentro de su quiosco, para no aburrirse en las horas muertas, tiene una mini tele y un mini dvd. Y le cuento un poquito de mi vida, le digo qué columna se viene el domingo en el diario, le hablo de lo linda que es mi casita nueva, le hago preguntas para develar los misterios de la mente masculina y le pido el The Clinic. Todo, interrumpido cada tres segundos por gente que quiere dulces y revistas para entretener a sus enfermos internados en el Hospital. Y Juanito, que es muy sabio, me entrega mis diarios, me ofrece fiado, me explica que los hombres son lentos y lesos, pero no malos y me dice que no me preocupe ni me entristezca, porque a mí me está esperando un milagro de los buenos, de esos que se demoran en llegar, pero que cuando llegan, son puro fuego artificial. Ahí Juanito me ofrece otro cigarrito bomba, yo acepto y los dos fumamos como si nada más importara en el mundo. Y cuando apago y tiro la colilla afuera, agarro mis cachivaches y me despido de mi amigo Juanito, el quiosquero que meció mi coche de guagua y con el que ahora, algunos días, me siento a conversar.

pd: En esta última Paula, un reportaje que pronto estará en la web (www.paula.cl): El sermón del Día Después. Todo sobre el vía crucis por el que una mujer atraviesa cuando pide la píldora del día después, un derecho que por ahora sigue chueco en este país potijunto.

pd2: Este domingo en Reportajes de Las Ultimas Noticias, una columna sobre el posible cierre del Parque Forestal. Súmese al rechazo de las ideas edilicias pro rejas leyendo. Su click, es mi sueldo.